viernes, 17 de septiembre de 2010

Cap 8: Juvenal

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............................................................Plaza de Armas. Copiapo 1910

“Puro, Chile, es tu cielo azulado,
puras brisas te cruzan también,
y tu campo de flores bordado
es la copia feliz del Edén.”

Cuando llegué el Teatro Municipal de Copiapó ya estaba lleno de gente que cantaba con encendido patriotismo la canción nacional de Chile. Igual que en anteriores días, hemos tenido muchas convocatorias de dirigentes políticos y manifestaciones del pueblo contra Perú y Bolivia, quienes no cejan en sus reclamaciones que se derivan de la derrota que les infringimos en la Guerra del Pacífico del 79. Con entusiasmo exaltado el público cantaba en defensa de la Patria:

“Majestuosa es la blanca montaña
que te dio por baluarte el Señor,
y ese mar que tranquilo te baña
te promete futuro esplendor.”

Me doy cuenta que los años cruentos de la guerra aún están frescos están frescos en la mente de la población, son muchas las vidas que se perdieron en las batallas del desierto y en los combates en medio del mar. Tengo la convicción de que la victoria fue dolorosa y muy cara, de modo que ahora tenemos el derecho del vencedor, en cambio Bolivia no tiene ningún derecho a exigir un puerto en compensación por la pérdida de su antiguo litoral, por el contrario, es la nación vencedora la que impone sus condiciones y puede exigir el pago por los daños y gastos incurridos.

El ambiente me envolvía de contagio, cada vez el fervor dentro del teatro era mayor, algunos ondeaban a lo alto la bandera tricolor chilena, todo el mundo cantaba con un profundo sentimiento de orgullo patrio:

“Dulce Patria, recibe los votos
con que Chile en tus aras juró
que o la tumba serás de los libres
o el asilo contra la opresión.”
Los territorios conquistados a Perú y Bolivia fueron entregados al país de manera indefinida, fue una entrega absoluta, incondicional y perpetua, salvo el asunto de Tacna y Arica, que debería dirimirse con un plebiscito en virtud del Tratado de Ancón. Por este motivo enardecen tanto las motivaciones revanchistas de estos países; entre medio de la multitud se escuchó el grito de un roto:

- ¡Viva Chile, mierda!

Estos acontecimientos se desencadenan a consecuencia del golpe de Estado que se produjo en Bolivia el 12 de julio de este año 1920, según el cual asumieron el poder los líderes del Partido Republicano, quienes han tenido una oposición vehemente a la política de los liberales bolivianos, presididos por Gutiérrez Guerra, orientada a buscar una solución marítima para Bolivia por Arica-Tacna y, más bien, reclaman la devolución de todo el litoral de Antofagasta… ¡Vaya, poca cosa!
Las noticias que llegan informan que la revolución puso en el Palacio Quemado un nuevo gobierno boliviano, dirigido por Batista Saavedra y su Junta, cuyo estandarte de lucha es la reivindicación de las costas que fueron bolivianas. Este gobierno esta constituido por alzados que han sido apoyados por el Perú, país que aspira a la recuperación de Tacna y Arica y, por tal motivo, desaprueba por completo el eventual acuerdo entre Bolivia y Chile para una solución marítima por dicho territorio.
En consecuencia, el gobierno de La Paz recuperó el acercamiento con Lima que había ido perdiendo desde principios de siglo, y amenaza con desconocer todos los acuerdos sobre mediterraneidad que hasta este momento se habían establecido con Chile.
Bolivia pretende hacer el papel de víctima, como si hubiese sido engañada o presionada a suscribir el Tratado de 1904, en el cual renuncia a toda pretensión o aspiración litoral a cambio de una amplia libertad de tránsito y de uso de aduanas para el Altiplano, la construcción del ferrocarril Arica-La Paz y el pago directo de dineros del fisco chileno, poniendo fin a la controversia que se venía arrastrando desde el Pacto de Tregua de 1884.
De hecho, todos sabemos que el General Ismael Montes defendió el proyecto del tratado en su campaña por la presidencia boliviana, siendo luego elegido por mayoría absoluta en mayo de 1904. Posteriormente el Congreso aprobó el tratado por amplísima mayoría también, previendo los importantes beneficios que generosamente Chile les ha concedido.
Sin embargo, parodiando el lema del escudo de Chile, algunos dirigentes bolivianos han dicho con soberbia: “Sea por la razón o por la fuerza, Bolivia ha de volver a tener costas propias”. Con este espíritu pendenciero, al acercarse el fin de la Gran Guerra de Europa de 1914, Bolivia y Perú vieron la posibilidad de una nueva ofensiva para sus pretensiones territoriales y afanes de recuperación.
Los hábiles diplomáticos peruanos y bolivianos vieron aumentar sus oportunidades en consideración a que Chile está catalogado como un país pro-alemán, puesto que se negó a romper relaciones con los vencidos y se mantuvo neutral durante todo el conflicto bélico; en tanto que Perú y Bolivia estuvieron junto a Estados Unidos y sus aliados. De modo que se tiene la sensación de que Chile ha quedado más cerca de los perdedores que de los países de la Liga.
En este contexto, los republicanos bolivianos alegan cínicamente que solicitar salidas al mar por Tacna o Arica es una traición al ex aliado peruano durante la guerra del pacífico. Ellos pretenden desconocer los tratados y acuerdos establecidos para buscar la recuperación total de los territorios perdidos de Atacama.
Esta situación es la que ha motivado que el gobierno del presidente Sanfuentes, a través de su Ministro de Guerra y Marina, Ladislao Errázuriz Lazcano, haya ordenado el movimiento de importantes contingentes de militares chilenos hasta las inmediaciones de la frontera de Tacna-Arica y también el envío de nuevos efectivos para expulsar ciudadanos peruanos de Iquique y Arica. Del mismo modo, Perú y Bolivia han concentrado tropas en la frontera con Chile, así entonces la situación es extremadamente delicada.

El Teatro Municipal estaba repleto de gente que escuchaba las arengas patrióticas de algunos dirigentes políticos. Allí me encontré con la María Guerra y sus hermanas, quienes me pagaron las dos revistas de la Escuela, “El Republicano”, que les había vendido durante la celebración del décimo quinto aniversario de la Normal.

Me siento feliz en la compañía de ellas, las estuve acompañando durante todo el acto político y después nos fuimos charlando animadamente por la calle Chañarcillo hasta su casa, ellas viven en una linda casita con balcones, frente donde vive el doctor Vallejos.

Los graves conflictos internacionales no son nada frente a mis pretensiones con esta coquetoncita, pretendo una perla copiapina que por un instante ha puesto en mí su mirada fija, sus bellos ojos claros, y que he respondido, claro está, a tanta honra con mi mejor sonrisa: ¡La María Guerra! Ella es una aristócrata, culta y, sobre todo, tan bella como una diosa.

Me atreví a hablarle en ocasión de la velada de celebración del aniversario de nuestra escuela, le vendí dos revistas que me quedó pendiente de pagar más adelante, allí está publicada una poesía mía, “A ti”, y un artículo titulado “El músico viajero”, firmados con el seudónimo Monteverdi.

Esa vez ella vino al acto cultural y el posterior banquete con profesores y alumnos que organizó nuestro curso, el 4to año, y se comportó muy atrayente, a mí me dijo que le habían gustado mucho mis interpretaciones musicales que hice con el violín.

Fue un día felicísimo, me hicieron tocar “Traviata” con mi violín, acompañado por piano con el Sr. Hidalgo, nuestro profesor de música. Después, acompañado de guitarra por mi compañero Luís Benavides, toqué el tema “Antofagasta” y un valsecito mío.

Más tarde, en la noche, en la calle Atacama, nos volvimos a cruzar y la María Guerra fue muy cortés en saludarme amablemente. Cualquiera que supiese de mis sentimientos diría que soy un Cupido de primera, como un verdadero picaflor. Bueno, no lo niego, es verdad, pero a quién amo más es a quién digo amar más, así es mi corazón que se va purificando y engrandeciendo con los amorcillos pasajeros.

A propósito de amor, debo reconocer que pienso mucho en mi primita Albertina y también en Rosalba, ellas están siempre en mis pensamientos. Sin embargo, nada sé de ellas a pesar de que ya estamos en el mes de julio, se han puesto ingratas y no me han escrito desde que me vine de La Serena en el pasado mes de marzo.

Desde que llegué he tenido que estudiar mucho, son numerosas las asignaturas que tengo y hay muchas cosas nuevas que aprender, mis notas son buenas y sólo pido a Dios que me ayude a vencer este año, eximiendo los exámenes finales si es posible.

En los programas de estudio se atribuye una importancia fundamental al idioma patrio y comprende la enseñanza de la lectura, la escritura y la gramática, es decir el cultivo del lenguaje hablado y escrito. Como futuros maestros tenemos el deber de luchar contra la falta del gusto por la lectura y el mal uso del lenguaje, fenómeno muy generalizado en todo el país.

Sin duda alguna que Chile es el país dónde peor se habla el idioma español en América Latina. Los vicios de la pronunciación y el descuido de las voces, cuyo significado se desconoce o confunde, son rasgos característicos del modo de hablar del pueblo. Entre nosotros se confunden de manera generalizada la pronunciación de la “v” con la “b”, la “y” con la “ll”, la “c” con la “s” y la “z”, la “l” con la “r”.

Es común encontrar que un niño lea “defeuto”, aunque esté escrito “defecto”, “convición” aunque esté escrito “convicción”, “Tarca” por “Talca”. No es tampoco raro oír en las conversaciones frases como éstas: “los juimos”, “cual es que venis”, “como estai”, y otras incorrecciones por el estilo. No hay ningún cuidado en el uso del lenguaje.

Por este motivo he cultivado con atención el hábito de la lectura. Últimamente me he tomado el tiempo para leer la novela “Verdad” de Emilio Zola, “María” de Jorge Isaac, “Un empleado público” de Tancredo Pinochet Le-Brum. También este año he leído otros libros, “El abate de Constantino”, “Aritmética en el amor”, “Quién disparó”, “Marinero”, y más novelas que he disfrutado con delectación.

Decía que este año he estudiado con bastante tesón, no quiero volver a pasar por la mala experiencia de francés. Una semana después de mi llegada a Copiapó tuve que rendir mi examen de reparación de francés, salí mal. Hubo Consejo de Profesores y allí decidieron que en consideración a mi buena trayectoria e intachable conducta merecía ser aprobado. ¡Qué feliz me sentí!

Esa noche estuve de salida con mi Magdalena, noche estrellada como nunca, dicen que las estrellas no son más que huequitos del cielo por donde penetra la luz del infinito, luz profunda que se siembra en los corazones de los amantes para iluminar los sentimientos nobles.

Esa niña es buena y me adora, me ama puramente. Con mi Magda las noches son cual una cadencia del cantar de una alondra, suspiros de notas musicales que se deslizan con suave armonía. ¡Oh! Mi dulce niña, siempre fiel.

El 23 de Agosto voy a partir nuevamente en tren longitudinal a La Serena, mi querido e inolvidable terruño, para pasar mis vacaciones de invierno. Necesito descansar, pues prácticamente todo este mes me he sentido enfermo con una gripe que no se me quiere quitar.

Un día me encontré en la Plaza de Armas con las Guerras, las acompañé mientras paseábamos en torno a la plaza. Ellas son personas que están muy pendientes de los acontecimientos políticos del país y me comentaban que lo que se estaba llamando la “Guerra de Ladislao” era una movilización militar defensiva del país, a pesar de que en instancias internacionales lo acusen de militarista, porque no sólo está la actitud anti-chilena de Perú y Bolivia, sino además está la actitud oportunista de Argentina, quien siempre ha obtenido ventajas de los conflictos del país.

- Imagínese - me decía María – Argentina suscribió en 1878 la alianza militar de Perú y Bolivia contra Chile, antes que estallara la Guerra del Pacífico, pero no fue ratificada debido a las sorpresivas victorias chilenas, ya que falsamente se creía en una inferioridad del espíritu guerrero de los chilenos.

- Sin embargo, ellos invadieron la Patagonia, que hasta entonces estaba disputada, creando la posibilidad de un tercer frente de guerra – comenté.

- Sí, efectivamente, los argentinos tenían la intención de cortar Chile, a la altura de Puerto Montt, con la expedición de ocupación que dirigió el general Roca, explicaba con furia contenida. Chile tuvo que renunciar a los territorios patagónicos orientales en controversia, con la firma del tratado de 1881, no podía hacer otra cosa mientras estaba en guerra contra Perú y Bolivia.

- Bueno, también Chile tuvo que renunciar a los territorios de la Puna de Atacama a favor de Argentina – le recordé a la María.

- Es verdad, usted sabe que Bolivia le regaló a Argentina en 1898 aquellos territorios que estaban ocupados por las fuerzas militares chilenas, conquistados con muchas vidas y sangre de soldados, con la intención de provocar una nueva guerra que diera oportunidad de recuperar Tarapacá y Antofagasta. Entonces, un cuestionable arbitraje norteamericano del año siguiente dejó la mayor parte de la Puna en manos argentinas. ¡Qué indignación! – sus hermosos ojitos brillaban.

Estuvimos charlando hasta bastante avanzada la noche, disfruté mucho la conversación con las Guerras, ellas son personas muy educadas y de una amplia cultura. Cuando nos despedimos me desearon “Felices vacaciones”, sacándome el sombrero les conteste: “Muchas gracias”.

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martes, 14 de septiembre de 2010

Cap 7: Juvenal

........................................................,,,.......Bahía de Coquimbo

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¡Vaya que impresión me causó! ¡Fue totalmente inesperado, una sorpresa! Oscar Vergara me presentó unas muchachas que decían ser mis primas, hijas de mi difunto tío Juan Esteban Araya, quien era agricultor en San Isidro. Ese día me quedó grabado vivamente en la memoria, fue el día 10 de febrero de este año 1920.

Conocí a mis primas María, Andrea y Albertina, quienes me parecieron muy amables, sus tratos eran buenos y agradables. Conversamos un rato y recordamos algunos familiares antepasados comunes, les causó mucha curiosidad mis comentarios sobre un supuesto antepasado del que había escuchado hablar en las crónicas históricas de la ciudad, me refiero a Gregorio Araya, Alarife de la Municipalidad en 1816, algo así como el Jefe de Obras Públicas del Cabildo, cuando era Alcalde José Ramón Subercaseux.

Un día, cuando estaba caminando alrededor de la Plaza de Armas con mis amigos, encontré a estas primas. Me presentaron a su mamá y me paseé con ellas, conversamos animadamente y reímos viendo a la gente como jugaba en el último día de Carnaval. Luego las acompañé hasta su casita.

En la mañana siguiente las fui a buscar para traerlas a mi casa y presentarles a mis hermanas Graciela y Juana, quienes les expresaron su agrado por conocerlas. Creo que simpatizaron entre ellas.

Después de cuatro noches fui a ver a Rosalba, ella está completamente disgustada conmigo. ¡Me cobra celos con mis primas! Tres noches y días de martirios crueles, Rosalba no se convence de mis palabras y quiere a toda costa no volver más a nuestra amistad por miles de motivos que no logro entender.

Mi prima María me ha hablado de Rosalba, me ha hecho comentarios sobre ella que me han provocado mucha indignación y me he sentido muy humillado de ser su amigo. María la conoce bastante bien, pues ambas estudian corte y costura en la misma institución.

¡Jamás creí que Rosalba fuese tan hipócrita! Yo que me he comportado lo más caballero en mi modo de proceder y ella haciéndome traición con sus murmuraciones. Lo decidí a mí pesar, así no la podía aceptar: ¡Terminar todo de una vez!

En la noche me encontré con Rosalba, nada más verla y sentí al oído las palabras punzantes de María que me llenaban de humillación, he puesto fin al amor. Le he devuelto sus cartas y ella me ha entregado las mías. Noté unas lágrimas en sus ojos y trémulamente sentida contestaba: “¿Qué enigma será éste que no puedo descifrar?”

Como nunca le hablé, como a ninguna mujer le dije que jamás el honor de un hombre se puede irrespetar, mi dignidad y decencia está por encima de cualquier mujer, le hable de mi sincero amor que ella atropellaba con su falta de lealtad y que ella no lo merecía. Tenía deseos de ser aún más rudo.

Me vine completamente destrozado. Esa noche estaba de un carácter de mil demonios… ¡Una lágrima rozó mis mejillas! ¡Oh, mujeres! Qué frágiles son, Rosalba diciéndome ayer: “¡fiel hasta la muerte!”. Y yo confiaba en su amor, porque la creía buena, su expresión humilde así creía que me lo demostraba ¿Qué puede haber realmente en todo esto?

¿Cómo va quedando mi corazón? Ahora le llevan otro pedazo de alegría, de felicidad… ¡Está destrozado ya! Destino mío, ya que eres tan adverso conmigo, llevadle al menos a ella el placer que me quitas a mí, espero que sea feliz, ya no importo yo.

Ya no hay alegría para mí, me siento muy sólo en este valle de lágrimas, más aún, este mes es precisamente el sexto aniversario de la muerte de mi madrecita, ella se fue el día 13 de febrero de 1914. Recuerdos horrorosos guarda mi corazón de esa trágica fecha que me dejó huérfano y a la deriva en este borrascoso mundo.

Una noche intenté ver a Rosalba, pero ella andaba con toda su familia, incluso su papá que es prefecto de La Higuera, en el biógrafo público de la Plaza Buenos Aires. Me vine a casa, triste y solitario, ya no tengo interés por nada.

En otra oportunidad me encontré con Rosalba y su prima Rosaura en el Teatro Municipal, nos hemos saludado, aunque ellas lo hicieron con cierta frialdad. Hubiese querido acercarme y hablarles, pero el aire de desdén de Rosalba frenó mis impulsos.

No tuve oportunidad de hablarle a Rosalba durante muchos días, pero le escribí una carta con ruegos para que volviese a mi amistad. Crueles ideas desgarraban mi alma, pronto partiría de ésta hermosa ciudad de donde tengo tan gratos recuerdos, pero Rosalba ya no admitía mis súplicas. De hecho, su respuesta a mi carta dice sencillamente “no”.

Con Rosaura le envié muchas veces mensajes para que me permitiera encontrarme con ella. Un día, cuando ya había perdido la esperanza, ella me dejó dicho que fuera a verla, pero como mi orgullo estaba herido no fui, y así tuve muchas otras oportunidades similares que decidí no ir. Ahora yo la hacía sufrir, el desdén con el desdén.

Pasé varias noches en casa de mis primas compartiendo gratas veladas con ellas. Albertina es la menor y la que más me agrada, por su carácter muy alegre y su conducta tan educada, a su lado me olvido de todo, mi eterno dolor se trueca en alegría.

Junto con mis primas me siento muy bien, ellas me reciben en su casa con mucha consideración y nuestra vinculación familiar nos facilita una relación de confianza. Ellas son extrovertidas y muy conversadoras… ¡Pero son tan cuentistas! Precisamente debido a sus chismes es que me he separado de mi tan querida y recordada Rosalba, no la puedo olvidar, ella está siempre dentro de mí.

Así pasaban monótonos los días de verano, era un devenir impasible del tiempo que se dejaba deslizar indiferente, apenas perceptivo a la conciencia. Ese sosiego lo interrumpió las noticias que recibí de Teresita, apenas había pensado en ella, pero la carta que recibí despertó mis pensamientos por esa bella niña.

Desde Coquimbo me escribió Teresa esa hermosa carta de amor y que estaba muy bien escrita. Me decía que me extrañaba mucho y me pedía que fuera pronto a visitarla, escribía que tenía ansias de pasear junto conmigo por la orilla del mar sintiendo su eterno vaivén, sentir impregnándose la humedad con el flujo y reflujo de las aguas que desatan las olas del mar y se extienden suaves sobre las arenas ardientes de sol.

Pensé, en estos días debo ir a Coquimbo para despedirme de mis familiares, antes de partir nuevamente a Copiapó. Entonces me dejaré llevar por los senderos que Teresita desea recorrer, avanzar con despreocupación por los caminos primorosos del amor.

Invité a Segundo para que me acompañara a Coquimbo. Nos fuimos a las 6 de la mañana a la estación ferroviaria, sin embargo el tren nos dejó esperando y sólo pudimos salir a las 3 de la tarde. Llegamos a la estación El Empalme, en Coquimbo, y nos fuimos a donde mis tías.

En la noche fuimos con mi tía Elisa, Teresita, Segundo y su tía al teatro Apolo, en la calle Melgarejo, vimos la película: “La virgen que los dioses olvidaron”. Pasamos un rato muy agradable, después estuvimos escuchando la música que tocaba la banda municipal en el kiosco otomano de la Plaza de Armas.

Esa noche me despedí de Teresita, le di un ósculo de adiós y ella muy triste me tomó las manos y me suplicó que no la olvidara, pues ella me tenía siempre en sus pensamientos y muy dentro de su corazón. No sé, ya no me parece tan atractiva, más bien la he notado gris y se apaga mi entusiasmo por ella. ¡En la noche soñé con Albertina!

Me causa cierto desasosiego Teresa, pues no quisiera jugar con sus sentimientos, ni pretendo alimentarle falsas expectativas, pienso que debo alejarme y dejar que el tiempo se encargue de ordenar las cosas. Esta situación me recuerda la tonadilla que está tan de moda: “Del agua que no has de beber… déjala pasar”

Al día siguiente nos vinimos en el tren de la tarde, venía con deseos de ver a mis primas, cada vez me siento más atraído por Albertina, mi primita del alma mía, llena de una dulce risita que me colma de alegría, siempre sus ojitos tienen el brillo en su mirada que iluminan mi corazón.

Tuve un día de enorme felicidad por dos acontecimientos que me llenan de satisfacción. Primero, mi hermanito Luís Felipe ingresó a la Escuela Superior, donde antes yo me eduqué. ¡A los 6 años! Y segundo, el otro acontecimiento, amo a Albertina, la he estrechado en mis brazos.

¡Amo a Albertina! Tan pronto llegué de Coquimbo fui a ver a mis primas y encontré a Albertina radiante como la alborada, tan hermosa como una flor… mis labios con los de ella han saboreado las mieles del amor sublime. La estreché entre mis brazos y con susurros le hablaba de amor. ¡Oh, cuando suspiraba me decía “te adoro”! ¡Qué alegría! Mi bienestar y dicha no tenían límites, sentados en aquel banco en un rincón de su casa hablábamos de la religión del amor, solos los dos, éramos el uno para el otro.

Pasé otras noches con Albertina disfrutando de besos, de caricias y abrazos que quisiera que nunca se terminaran. En pocos días más debo partir nuevamente a Copiapó, para terminar mis estudios en la Escuela Normal; si pudiera detener el tiempo y hacer eterno los momentos de dicha con mi querida primita.

La tarde de un domingo estaba paseando por la Alameda cuando se me acercó un jovencito que me traía un mensaje de Rosalba, me mandaba a decir que fuera a su casa, me decía que ella esperaba por mí. Cuando la vi me sorprendí que estuviese tan hermosa como nunca, mi corazón dio un vuelco y saltaba desbocado. Salimos a pasear junto con su prima Rosaura

Volví a verla al día siguiente, sentía que nuestros amantes lazos volvían a estrecharse con el sublime amor que envolvía nuestra atmósfera. ¡Cuánto la amo! Rosalba es mi más querida de las mujeres. Un poco triste me vine, pues el día siguiente sería la última noche que nos hablaríamos, nos despediríamos hasta fin de año, pues vuelvo a mi Escuela a terminar mis estudios. Me duele dejar a mi tan bella Rosalba, no quiero amar sino sólo a ella.

El último día previo a mi viaje, el 24 de marzo, me despedí de mi tan querida Rosalba, fue mi último día que disfruté de tanta alegría y felicidad. Primero la acompañe en la oportunidad que me presentaron a Marta, hermana de Rosaura y prima de Rosalba. Después me dirigí a la plaza de Buenos Aires, hasta la casa de su madrina, donde me encontré con mi adorada Rosalba.

¡Oh, qué despedida tan hermosa! Rosalba olvidó todo lo pasado y juramos amarnos siempre, lleno de ilusiones, con pasión sellamos nuestros pensamientos. ¡Con un sublime beso nos prometimos amor eterno! Entonces me alejé con mi alma tranquila.

Mas tarde Segundo me acompañó a donde las primas mías, siempre es conveniente despedirse de todos los familiares. Por supuesto que estuve con Albertina, mi dulce amor me estaba esperando, y me fundí con ella en largos abrazos, los besos fueron infinitos. A las 2 de la mañana dejamos su casa y me traje dentro de mí los gratos recuerdos de mi primita que endulzan mi alma.

A las 7 de la mañana estaba listo para partir en tren hacia Copiapó, a mi Escuela Normal. Viajo junto con mi amigo Segundo Sáez, haremos escala en Vallenar, alojaremos en el Gran Hotel y al día siguiente continuaremos el viaje hasta Copiapó.

Sentado en el vagón de segunda mis ojos dejan pasar el paisaje sin prácticamente mirar, apenas hay trazos que veloz retroceden sin que apenas el inconciente registre escena alguna, solo hay un nebuloso horizonte que gira suavemente, ver sin mirar, mis ojos están fijos en el infinito vencidos por mis meditaciones y recuerdos.

Mis pensamientos están con Albertina, están en el amor que hoy tengo por mi prima, tan llena de gracia y alegría como la más bella mariposa del jardín. ¿Y que puedo decir de Rosalba? Mi niña virtuosa, de alma noble y pensamientos puros. Cuando pienso en una también evoco a la otra.

¡Qué lejos ellas van quedando mientras el tren se aleja de la ciudad! Ellas son parte de la encantadora ciudad de La Serena, en cambio, yo cada vez más envuelto en éste árido desierto atacameño que inspira la más profunda soledad y, para colmo de este infortunio, soy tan sólo un estudiantillo.

Otra vez llegaré a mi mundo de estudiante, otro puerto diría un marinero, se anclan las naves hasta que llegue de nuevo la hora de partir y navegar de aquí para allá, luego de ahí para acá, en cada puerto un amor y un vaso para beber. Cada puerto es un jardín donde hay hermosas rosas, pero las rosas tienen espinas, mi Rosa con espinas me inspiras estos versos:

No te perdono, me hiciste tanto daño
nuestro amor vivió lo que una flor;
has sembrado en mí ser ¡el desengaño!
y ha muerto para siempre nuestro amor…


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lunes, 13 de septiembre de 2010

Cap 6: Juvenal

............................................................Plaza de Armas. Coquimbo


El 3 de Diciembre llegué a La Serena, ¡mi ciudad querida! ¡Oh, cuanto placer rebosa en mi alma al volver a mi tierra, a mi hogar! El tren atravesó la vega como si fuese una gigantesca serpiente que se precipita por el borde de la ciudad. Al norte, en la punta Teatinos, el mar rompe sus olas con insistente testarudez y, a la distancia, se observan las alegres saltos del agua como hojas movidas por el viento.

Puedo apreciar el mar de la bahía que recibe las aguas plateadas del río con el murmullos de su ir y venir, en eterno vaivén del océano azulado y transparente como el cielo que refleja. A lo lejos alcanzo a ver la Punta Pelícanos del puerto de Coquimbo y su vistoso Cerro Alegre, como si fuese una lengua hacia el mar.

La vista a la vega me ofrece un paisaje lleno de verdor, adornada con sauces y arrayanes hasta las mismas puertas de la ciudad, con un cuadro que muestra rústicas chozas, bueyes, caballos y vacas pastando; siembras de maíz, trigo, zapallos, melones, porotos y otras más. Algunas lagunas se divisan con sus totorales y pájaros que revolotean con su alborozada inquietud.

Puedo apreciar la ciudad con sus blancos edificios, como si se superpusieran unos con otros, con follajes intercalados de variados colores verdes de los árboles de la ciudad. Entre ese conjunto de edificios se alzan, a mayor altura, las torres de las iglesias y de las esbeltas palmeras, y al fondo de la perspectiva está el cerro de la Cruz o cerro Santa Lucía.

El paisaje se completa con el valle estrecho por donde se desliza el río, como una cinta de plata que alimenta los cultivos de ambas riberas. En el borde norte se ve el caserío de la Compañía que surgió en torno a la antigua hacienda de los padres de la congregación de la Compañía de Jesús. El horizonte de esta vista son las altas y majestuosas montañas de la cordillera de los Andes, desde cuyo seno se explotan los más ricos minerales.

Mi ciudad es como un hermoso anfiteatro formado por varias mesetas: la primera, a casi 20 metros de altura sobre los terrenos de la vega, aledaños al río Coquimbo, arriba de la “Barranca del Mar” se halla la parte principal y más antigua de la ciudad, limitada por el paseo de la Alameda, antigua quebrada de San Francisco.

La segunda meseta, más al oriente y en cota superior, se encuentra el espacioso barrio denominado Santa Lucía que se extiende hasta las suaves laderas del Cerro de la Cruz. Hacia el sur, limitada por el paseo de la Alameda está el sector del Hospital San Juan de Dios. Luego viene la Pampa, con varias quintas y chacras que abastecen de frutas y verduras a la población de la ciudad

¡Qué emoción tan grande me invade al observar mi ciudad! ¡Qué inmensa alegría me provoca la cercanía de mi familia! En mi hogar sentí la alegría de estar junto con los míos, tuve la emoción de abrazar a mi abuelita Juana, saltar de alegría con mis hermanas y mi hermanito. Todos me expresaban su alegría al recibirme, me llenaban de preguntas, querían saber todas mis experiencias de Copiapó.

Mi abuelita desplumó 2 pollos grandes del gallinero, con técnica muy precisa les torció el pescuezo y les dio un pequeño jalón, luego con agua caliente les quitó rápidamente todo el plumaje, después Graciela y Juanita Rosa se encargaron de preparar una magnífica cena para celebrar mi llegada.

Pensaba que no merecía tanto festejo, finalmente había reprobado el curso de Francés que, por supuesto, no se lo dije a nadie. Tampoco podía hablarles de Rosita, cuya traición casi me hizo perder el juicio, sin embargo, estaba seguro que triunfaría en mis estudios, ya faltaba poco para terminar y, entonces, podría ayudar a mi abuelita a mantener el hogar.

Había que pensar en mi hermanito Luis Felipe, apenas el próximo año empezará a estudiar, pero ayudarlo a estudiar en el futuro para que logre profesión era mi responsabilidad. En cambio, más sencillo es la situación de mis hermanas, pues ellas deben aprende labores de mano y buenos modales para prepararse para el matrimonio.

Nosotros los hombres tenemos una mayor responsabilidad en la sociedad, no podría ser de otra manera. No logro imaginarme, por ejemplo, que las mujeres pudiesen votar en política, todo se transformaría en chismes y lloriqueos. Buena razón para que la vigente Ley de Elecciones de 1884 prohibiera expresamente el voto femenino.

También el manejo del dinero es asunto muy delicado, por ese motivo no se puede confiar en una mujer. Razón, además, por la cual la mujer en el matrimonio queda bajo la potestad del marido y si excepcionalmente trabaja no tiene derecho a disponer de su salario. Buenas costumbres que aseguran que la mujer se dedique a atender los asuntos domésticos del hogar y el cuidado de los hijos.

Por este motivo, mi sabia abuelita dispuso que Graciela atendiera como madre sustituta a Luis Felipe y Juana Rosa a Hildita, es la mejor escuela de aprendizaje para criar, es la preparación para el matrimonio. Con estas reflexiones me dormí profundamente, después de tan largo viaje en tren estaba muy cansado.

Al día siguiente fui con Rubio a la calle Rodríguez por si veía a las amiguitas que conocí en el Carnaval pasado, pero desgraciadamente se habían mudado. Durante varios días las busqué, pero no logré encontrarlas, hasta que un día nos topamos con Carlos, hermano de las niñas González. Pregunté por Rosalba, entonces me enteré que ella vive en la calle Vicuña con esquina Las Casas. Le mandé muchos saludos.

Pasé muchas noches callejeando con Rubio, teníamos unos galanteos con unas muchachas de la calle Colo-Colo. Después, una vez que Rubio, Segundo y Aqueda se hicieron amigos entre sí, salíamos juntos de noche a divertirnos por las calles de la ciudad, paseábamos por la Plaza, íbamos al biógrafo, etc.

Claro, durante el mes de María iba por las tardes a la iglesia Corazón de Jesús, para mí las misas eran momentos de recogimiento espiritual; por supuesto que también era la oportunidad de ver a bellas muchachas que iban con sus madres a rezar. Recordaba que en el año 1918 iba a la iglesia San Francisco, en Copiapó, a esperar a Rosa, esa infiel y cruel mujer a quien todavía evocaba.

Un día divisé a Rosalba, iba con unas amigas por la calle Infante, pero no me atreví a saludarla. Otra vez la vi en la Alameda, la saludé de lejos con una seña de mano y ella me sonrió, hasta que finalmente una noche le hablé y quedamos de vernos en la Plaza Buenos Aires, allí nos vimos y quedamos muy amigos. Así tuve muchos encuentros que me hicieron sentir muy dichoso a su lado.

Las Pascuas la pasé con mis amigos, la recibí con mucha alegría y con mucho alboroto en la Plaza de Armas. Compramos una empanadas donde la gorda Liliana, realmente estaban sabrosas con su guiso de carne picada con huevo y cebolla, pero con un toque amarguito de un no sé qué.

Bueno, las empanadas nos provocaron casi de inmediato un efecto que hizo exclamar a Segundo: “¡Apretemos cuevas!”. Por primera vez entiendo esta expresión tan nuestra, pues no sólo significa que hay que salir corriendo muy rápido, sino además hay que hacerlo con las nalgas bien apretadas para contener la fulminante diarrea que nos asaltó: ¡trote a la letrina de la casita!

Para recibir el Año Nuevo fui con mis amigos a la Plaza de Armas, allá estaba Rosaura con su novio y mi angelical Rosalba, pero no pude hablarle, no tuve una excusa para acercarme, pero pude observarla de lejos. Hubo biógrafo público, música con la banda municipal y fuegos artificiales. En fin, creo que este año nuevo 1920 lo pasaré de lo mejor, porque es la primera vez que lo recibo con tanta alegría.

El día 11 de enero fui en tren a Coquimbo, me envió mi abuelita para acompañar y traer de regreso a La Serena a mi hermana Graciela, quien estaba pasando unos días de vacaciones y disfrutando de las playas junto con mis tías y demás familiares.

Siempre me ha sorprendido Coquimbo por su agitada vida de Puerto que ofrece diversión de todo tipo y una vida nocturna excitante donde se mezclan marineros de paso, obreros del puerto, mineros que bajaban de todas partes, carrilanos del ferrocarril, vagabundos, borrachos y mujeres de la vida alegre.

La calle Pinto, en la noche avanzada, es una verdadera Babilonia llena de garitos, cantinas y prostíbulos, en los cuales el vino, la cerveza, el aguardiente y el humo de cigarrillos dominan las mentes embotadas de quienes dilapidan el fruto de su trabajo. Tampoco falta uno que otro cogotero que hace de las suyas.

A mí lo que más me gusta son las historias y leyendas de Coquimbo, como los cuentos del tesoro de los piratas, el ánima del quisco, el coche del diablo, el hombre perro y muchísimas más. Hay una historia reciente que a mí me conmueve profundamente, se refiere a la dama de la playa.

Era 25 de julio de 1914 cuando llegó a la bahía de La Herradura el majestuoso barco escuela alemán “Herzogin Cecilie”, con apuestos cadetes teutones, rubios y de ojos azules. En esos días ocurrió que estalló la gran guerra de Europa y Chile decretó su neutralidad territorial, en consecuencia, la referida nave debió quedar internada durante todo el período del conflicto bélico.

Los marinos bajaban con frecuencia a Coquimbo y La Serena y recorrían los alrededores con entera libertad, aunque en cierto sentido eran prisioneros del destino. Se cuenta que un cadete de nombre Walter se enamoró de una bella muchacha, Claudia, hija de un vecino muy adinerado. Para no ser sorprendidos, la dama y el galán se veían por las noches en la solitaria playa de La Herradura.

Todo parecía marchar sobre ruedas, Claudia amaba a Walter con delirio y él le correspondía. La dicha embargaba el alma de Walter, pero a su vez en su espíritu de guerrero sentía la llamada al combate en defensa de su país. Un día 16 arrojados pilotines del Herzogin, entre los que se contaba Walter, planearon fugarse para incorporarse al frente de guerra en las huestes alemanas. Se marcharon en un viejo barco de madera llamado Pinto, el cual dicen que logró recalar en Trondheim, Noruega, el 1 de abril de 1917.

Una profunda melancolía se fue apoderando del atormentado corazón de Claudia, esperando en vano el regreso de su amado. Un día, entre sollozos, la vieron caminando por la orilla de la playa. A la mañana siguiente, una hermosa jovencita fue hallada flotando en el mar.

Cuentan que en las noches de luna llega a la playa de La Herradura una hermosa carroza tirada por esbeltos caballos, conducida por un elegante cochero uniformado, de la cual se baja una bella dama, finamente vestida de blanco y cubierta de valiosas joyas, y se pasea por la orilla del mar, mirando ansiosa al horizonte como si aguardase a alguien. Luego, sube al coche para perderse en la fría oscuridad de la noche… es la dama de la playa.

Llegué a casa de mi tía Mercedes, ella vive frente a la línea del tren que viene de Ovalle, entre la estación del Empalme y el cerro Dominante. Por atrás de la casa, a una altura algo menor, pasa la línea del tren que viene de La Serena y llega también hasta el mismo Empalme.

Esta estación, donde confluyen las dos líneas ferroviarias, tiene instalado de hace pocos años una hermosa estructura metálica techada, con elegantes terminaciones góticas. En las cercanías se estacionan los coches y carrozas tirados por caballos para el transporte de las personas más distinguidas y, por supuesto, con más dinero.

El tren luego continúa por la calle Aldunate hasta la Maestranza, donde está la estación terminal, “la estación de Abajo”, en el área del muelle del ferrocarril, más allá del muelle Fiscal, a 3 cuadras de la Plaza Vicuña Mackena. Naturalmente que el tren debe transitar dentro del puerto a una velocidad menor, de tal modo que permita el trote del caballo del policía de control que va delante del tren.

Al día siguiente fuimos con Graciela a saludar a mis tías Elisa y María Luisa Rojo, también saludé con emoción contenida a Teresita. Esa mañana, al verla después de un año, me sentí feliz como nunca, todo estaba lleno de colores brillantes, todo era música encantada, para mí era un día primaveral divino. Pasamos el día escuchando gramófono, polipón y guitarra.

Un día salimos a caminar por los arenales cercanos a Guayacán, desde allí divisábamos a la misma vez la bahía de Coquimbo y la bahía de La Herradura. En medio de la soledad del paisaje, apartado del mundanal ruido del puerto, está el Convento del Buen Pastor, inaugurado hace 10 años por Sor María de Santa Gertrudis. Inspira al retiro espiritual, ahora más, con Teresita a mi lado.

Después, el día martes 13 de enero, fecha que para algunos se vincula con la mala suerte o de posibles desgracias que obligan a andarse con mucho cuidado; sin embargo, yo tuve una tarde imborrable y sublime. Di besos a Teresita y juramos amor eternamente.

Sí, fue una tarde inolvidable. Vine solo donde mis tías Elisa y Luisa, pues mi hermana Graciela, tía Mercedes, Sarita y Marina se habían ido a la playa de Guayacán a bañarse. Me encontré a Teresita sola en casa, los demás habían salido al centro de la ciudad, entonces ella me recibió con despreocupación y nos sentamos en el salón de la casa.

No sé como ocurrió, acaso ella se acercó, o quizás fui yo que tomé sus manos, tal vez fue su aliento de perfume de jardín, o acaso su silencio con su dulce mirada fue una invitación, ya no sé como fue, solo sé que un beso en sus labios nos unió en la emoción del amor.

¡Un beso! Sí, después fueron muchos besos y caricias que las manos sensibles llevaban al corazón, caricias que sentían su delicada tez y jugaban con su terso cabello entre mis dedos. La tuve entre mis brazos y sentí el palpitar de su alma entre susurros de palabras de amor.

¡Jurar amor eternamente! Día extraordinario de pasión y éxtasis, sentir el alma de una tierna y bella muchacha ávida de cariño. ¡Tarde maravillosa! ¿Y cuando me aleje otra vez? ¿Cómo irá mi corazón? No lo sé, el amor tiene senderos misteriosos y llenos de sorpresas, realmente no sé qué será después, sólo me dejo llevar como una paja al viento, el destino dirá lo demás.

Tan pronto regresé a La Serena fui a visitar a mi recordada Rosalba, realmente desde que la conocí me ha gustado mucho, pero ahora siento que la amo con delirio y sé que ella también lo siente así. Recibí una misiva de ella donde me dice: “¡Te seré fiel hasta la muerte!… Te amo como ninguna mujer habrá amado nunca a un hombre”, he saboreado con besos esta dulce carta de mi angelical niña de mis sueños.

He presentado Rosalba a Graciela y hemos charlado durante largo tiempo. Graciela la miraba con cierto aire de curiosidad y un mal disimulado recelo, seguramente un día terminarán siendo amigas, pensaba para mis adentros. Chiquilla mía, cuanto te estoy amando y lo hago con toda mi fuerza juvenil, Rosalba es la mujer que amo más puramente en el mundo.

Amor platónico, es amor casto y puro que llena todo mi espíritu, todos mis pensamientos siempre tienen un nombre, es el nombre de una flor, Rosalba, así es lo que siento por ella y jamás me atrevería a intentar el mínimo daño para ella, como hacen algunos tontos que actúan sin pensar.

Es verdad, algunos tontos se meten en tremendos líos como ocurre con mi amigo Aqueda. Me ha contado que tiene a su enamorada con un mes de tremenda angustia, la menstruación paralizada y, desde luego, un bebé que nadie desea. El anda muy asustado y no haya con qué pamplinas hacerle botar el feto… ¡Qué lío!

Se dice que hay algunas comadronas que se dedican a practicar el aborto con brebajes y ungüentos, además se comenta de varias mujeres que lo han hecho en la clandestinidad, pero también se sabe que es una intervención peligrosa para la vida de la mujer. Definitivamente no es un asunto que permita la legalidad y, por otro lado, la iglesia lo prohíbe tajantemente. ¿Entonces, qué hacer?

A través de los siglos la tradición religiosa venía explicando que el embrión es una suerte de órgano sin alma hasta fines del tercer mes del embarazo, en consecuencia, digamos que podría asumirse “abortable”. Pero una vez transformado en feto, ya quedaba dotado de alma, era “animatus”. Sin embargo, esta posición de la iglesia fue modificada por el Papa Pío IX en 1869, quien declaró que el nacimiento del alma ocurre en el preciso momento de la concepción. ¡Grave problema, amigo Aqueda! Yo no sé que haría en tu lugar.

Los primeros días de Febrero estuvo el circo Beltrán, junto con mis amigos Sáez y Rubio entramos para disfrutar una tarde de distensión. El payaso chorizo fue la delicia del público, sus gracias y tonterías provocaban risa incontenible.

Después paseamos durante la noche de luna, hasta las 3 de la mañana. En el Teatro Municipal hubo un té danzante, nosotros que no entramos al espectáculo, tuvimos nuestra propia danza en la calle con un tarro de duraznos lleno de helado.

Esa noche, cuando regresé a casa, estaba el cielo completamente despejado y todas sus estrellas eran más brillantes que nunca, era noche de luna llena. Antes de entrar a mi hogar me detuve un momento, para dejarme llevar por mis pensamientos, envuelto en la magia del infinito cielo.

Pensaba en Rosalba, sólo ella ocupaba mi memoria, sentía esos ojitos tan vivitos, ese mirar melancólico, su boquita con esos labios que me vuelven loco, esa risita que resuena en mis oídos como cascada de campanillas ¡Oh, qué angelical! Es un dechado de hermosura, cuyas manos han acariciado las mías y mi rostro, también mi corazón. Por ella tengo valor para sentir que merezco su alba mano, su vida, la amo con delirio. ¿Pensará esa virgencita en mí como yo pienso en ella?


Consigue la novela: Juvenal, cuando el gallo no canta



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lunes, 28 de junio de 2010

Cap 5: Juvenal


En abril comenzó un nuevo año escolar, es mi cuarto año de estudios en Copiapó y además, desde el año anterior, estoy asignado por las autoridades de la institución como inspector de los estudiantes de niveles inferiores. Es una interesante responsabilidad, debo hacer frecuentemente turnos de vigilancia de disciplina.

Me siento muy orgulloso de estudiar en la Escuela Normal de esta ciudad, dirigida por el destacado y noble pedagogo Don Rómulo J. Peña Maturana, quien la fundó en el año 1905. Es un privilegio recibir sus lúcidas enseñanzas.

Siento el enorme compromiso de formarme para educador, maestro para atender los ideales de nuestros grandes hombres que lucharon por la Independencia de América con la ambición de otorgarle educación al pueblo. Ellos comprendieron que la base de la república era la escuela y que cada ciudadano con responsabilidad pública debía ser un hombre ilustrado.

Creo que tan noble inspiración de los padres de la patria ha avanzado muy lentamente, puesto que siglos de dominación extranjera hacen difícil romper con las costumbres arraigadas en todas las clases sociales. Además, las convulsiones revolucionarias dentro de cada país retardaron, todavía más, el desarrollo de una educación moderna.

Por supuesto que no podía ser de otra manera, en la América española, el régimen monárquico y el dominio de la nobleza retenían en la metrópoli la ilustración para las clases elevadas, dejando al pueblo en una “saludable ignorancia”. Prácticamente no había instituciones que promoviesen el cultivo intelectual y el mejoramiento moral, a excepción de las prácticas de un exagerado sentimiento religioso. La enseñanza estaba confiada por completo a comunidades religiosas.

No me es difícil comprender entonces las enormes dificultades que encontraron los gobiernos constituidos, luego de la separación de la metrópoli española, para instaurar un sistema de educación pública nacional.

Pienso que en Chile se ha logrado un importante adelanto, puesto que se ha despertado en el pueblo la noción de la importancia de la educación y la del deber que tienen los padres para procurarla a sus hijos.

Es muy emocionante sentir que voy a pertenecer al ejército de maestros de la educación moderna, para la nueva generación que se levanta llamada a realizar los mayores progresos del país. Seré formador de las tiernas inteligencias e inocentes corazones, promotor de conocimientos destinados a formar ciudadanos ilustrados, virtuosos y patriotas.

Es por ello que cuando cantamos el himno de la institución, Adelante, escrita por el mismo Director de la Escuela, con música compuesta por Don Domingo Baeza, siento con mucho orgullo la honra de mi futura profesión de maestro:

¡Adelante!, la senda está franca,
adelante, mortal, avanzad,
que la ciencia ha encendido su antorcha
y nos muestra el supremo ideal.


Saludemos su luz, bendigamos
de sus rayos el claro fulgor,
entonemos cantares de gozo
a la aurora de un día mejor.
A la aurora, a la aurora,
a la aurora de un día mejor.
Esa luz que da fuerza y da vida
que es más pura y brillante que el sol,
con la cual los abismos se aclaran
y el arcano en el día trocó.

A la aurora, a la aurora,
a la aurora de un día mejor.

Esa luz que da fuerza en la mente,
Que le infunde la fe y la razón,
que le presta esa fuerza invencible
que al titán de las sombras venció.

Cuando llegué de mi viaje de La Serena tuve que asistir de inmediato a mis clases, estuve varios días sin salir, dedicado exclusivamente a mis estudios con la mayor atención. Hay tantas cosas nuevas que debo aprender: pedagogía, metodología, ciencias, literatura y retórica, psicología, geometría, francés y muchas cosas más.

Bueno, es cierto también que no salía porque estaba un poco ofendido con Rosa, pues me había prometido escribirme durante mis vacaciones y no lo hizo. Saéz me puso al corriente de ella, al menos tenía algunas noticias de ella.

No fui a verla sino a los 10 días de haber llegado a Copiapó y cuando la vi estaba cual nunca de hermosa, el angelito más bello del cielo, que hizo saltar mi corazón hasta casi ahogarme. Sentir la suave piel de sus manos es como una cálida brisa que alienta el alma a un éxtasis celestial, niña linda de mis amores.

Así pasaron los días, pasó el mes de mayo y luego junio, hasta que el día 10 de julio, fecha del aniversario de nuestra Escuela Normal, día de celebraciones y júbilo, cuando estaba pasando muy alegre y feliz con los actos de conmemoración de la fundación de nuestra institución, todo de golpe vino a trocarse en oscuridad y dolor.

En la noche visité a Rosita, ella estaba tensa y apenas me miraba. Con el rostro casi escondido me puso al corriente que se iba a casar con otro, sentí como puñaladas en mi pecho, intenté decir algo, pero las palabras no tenían voz.

Me contó que estaba comprometida con un gringo de Potrerillos, claro, más afortunado y rico... ¡un yanqui! Creía y no creía, ¡Oh mujeres, qué frágiles son! Basta un instante para que se derrumben tantos sueños e ilusiones.

¿Celos? ¿Rabia? ¿Tristeza? Ya no sé lo que sentía, era todo confusión, dentro de mí todo era desconcierto. No, no podía ser cierto lo que me estaba ocurriendo, pensaba.

- Para que no se moleste en venir le voy a devolver todo lo suyo – sentí su voz como si estuviese muy lejana.

- Si así es su deseo – atiné a decir, sin ningún convencimiento.

- Espere – me dijo – ya traigo sus cartas.

Día perverso, comenzó a llover con un viento sombrío. Entonces le mandé a decir a Rosa que me tuviera mis cartas y que volvería tan pronto acampara la lluvia. Cayó el agua con tal fuerza que tuve que correr a la Escuela, donde llegue completamente mojado.

Me cambié de ropa y en el jardín saqué flores para ella. Regresé donde Rosita, pero todo fue inútil, mis ruegos fueron en vano. Nos devolvimos los papeles y nos separamos para siempre.

Esa noche cruel parecía que mis pies no tocaban el suelo, adversa mi suerte, perdía para siempre a Rosita. Saqué mi violín y comencé a tocar la Serenata de Shubert.

Es una melodía de “El canto del cisne” que el compositor alemán acompañó con el texto del poeta Ludwig Rellstab. El lied dice:

“En voz baja te imploran mis canciones a través de la noche. En la tranquila arboleda de allá abajo, amada, ¡ven a mí! Susurrantes se mecen las esbeltas copas a la luz de la luna; no temas, mi amada, que un traidor enemigo nos aceche. ¿Oyes cantar a los ruiseñores? ¡Ay!, te imploran en tono de dulce queja, te imploran por mí. Comprenden el anhelo del pecho, conocen las penas del amor, y acarician con plateados sonidos a cada tierno corazón. Deja también que tu pecho se conmueva ¡amada, escúchame! ¡Trémulo, impaciente, voy a tu encuentro! ¡Ven, hazme feliz!”

¡Qué aflicción! Esa noche imborrable me hizo llorar en silencio, sentía el feroz aguijón de los dolores del alma. Intentaba reír para no llorar, pretendía sentirme liberado de las cadenas de Cupido, pero sólo lograba hacer más grande mi dolor.

Insistí en hablarle, siguieron otras noches de súplicas, pero todo fue inútil, hasta que nos dimos el postrero adiós. Me alejé resignado, resonaban en mis oídos la Serenata de Shubert y lo que escribió el poeta:

Hay ternura y dolor en ese canto,
y tiene esa amorosa despedida,
la transparencia nítida del llanto,
¡y la inmensa tristeza de la vida!

¿Qué tienen esas notas? ¿Por qué lloran?
Parecen ilusiones que se alejan...
sueños amantes que piedad imploran,
y como niños huérfanos, ¡se quejan!

En la Escuela me encontré con Vallejos, él trabaja junto con el personal de limpieza, y se dirigió a mí:

- Hay otro que se la va a ganar.

- ¿Sí? ¿Quién? – respondí disimulando mi angustia.

- Un yanqui, pidió la mano de ella y se van a casar pronto.

Sentía que me hundía, la niña que adoraba con todo el ardor de mi corazón me había dejado, nunca más ya estaría con ella. Me invadían recuerdos tristes, me venían a la mente las imágenes de la primera vez que me alejé del pueblo de mis padres, con mi corazón marchito miraba tristemente a los míos.

En Agosto me enfermé del pié izquierdo, apenas podía caminar, ya que el dolor era casi insoportable, de modo que tuve que estar algunos días en cama de reposo. Una noche Prieto, compañero de estudios, me dijo que Rosa se casaba al día siguiente.

Al otro día, con mucho esfuerzo me levanté, fui a la estación ferroviaria a dejar a Viña, amigo del internado, puesto que estaba enfermo y se iba a recuperarse en su casa en Vallenar. A la distancia, de repente vi a Rosa, se despedía de su mamá y hermana, mi alma vagaba con el pensamiento, sufría atrozmente… la vi irse, no sé si ella me vio, pero noté que ella iba llorando.

Luego, el sábado 6 de septiembre salimos de vacaciones cortas de invierno, pero yo no disfruté para nada esos días, la alegría ha huido lejos de mí, tengo el corazón destrozado y quisiera arrancarlo fuera de mí.

Salí a lo bohemio a recorrer con mi cojera los extramuros de la ciudad, estuve caminando por los barios bajos de la ciudad e hice algunas amistades tratando de olvidarme de mis desgracias. Conocí 3 muchachas una noche, intenté divertirme con ellas, pero mi alma estaba vacía.

También conocí a una joven que se llama Berta Díaz Ríos, es hermana de un estudiante del primer año de la Normal. Su familia está de mudanza a otra casa, así es que no he podido verla muy seguido, pero le he hablado en dos ocasiones

Estuve muchos días cojo, prácticamente todo el mes de septiembre estuve enfermo de mi pié, incluso entramos a clases el día 29 y yo debí quedarme 5 días en cama, puesto que no podía caminar, y para más desgracia me salió en el cuello un absceso.

En esos días me volví un verdadero bohemio, a pesar de mi cojera salía con frecuencia en la noche para divertirme en grupo. Con mis amigos Toro, Cordero y Suárez salíamos a pasear por las calles con mucha algarabía y reíamos sin ninguna inhibición. Esto me inspiró una poesía que dice:

Soy bohemio, ésta vida amo
y en las noches soñolientas…
por las calles divago
y la pena que me atormenta…
¡se ausenta!

La luna, las estrellas y el cielo azulado
encanta y fascina,
quisiera llamarme: ¡amado!
por una colombina

Las luces titilan a lo lejos…
pasa una beldad por mi lado:
miro hacia atrás; con el viejo
va, y entonces… divago…

Pasábamos de lo mejor. Una noche con Quelopana hicimos relación con las locas Aguileras, otra vez me relacioné con una que se llama Micaela Carzo, fui una sola noche, le hablé y la besé. Ella se enamoró de mí, me regaló un anillo de oro… ¡Pobre tonta! ¡Cómo caen las mujeres!

Gracias a Dios que a fines de Octubre estaba sano del pié y pude volver a salir normalmente otra vez para relacionarme con personas gustosas de estar en sociedad, personas educadas. Dejé la vida de bohemio que me hacía falsamente sentir más hombre y más sociable, comencé a sentirme en otro ambiente.

Siguieron los días, una vez conocí a Dionicia Magdalena Godoy, encantadora y bella muchacha. Ella tiene un carácter tan poco irritable y es muy linda. Muchas noches junto con ella, antes de regresar a La Serena este próximo 2 de diciembre, han sido las más felices del año; eran los últimos días de este año escolar,

Mi alma ya parecía tranquila, mis heridas habían cicatrizado, ahora tenía la amistad de mi Magda para disfrutar su compañía, pero sorpresivamente un día me encontré con Rosa, la cruel mujer que me hizo traición. ¡Qué dolor tan grande sentí! La Rosa de mi desesperación, tan hermosa, pero es la fría belleza llena de espinas y de perversidad. ¡Cómo olvidarte!

Al día siguiente tenía exámenes finales, sentí que todo lo que había estudiado se me había olvidado, mi mente estaba llena de la imagen de Rosa, sólo pensaba: “je t`aime mon amour, pour tout la vie”… bueno, en el examen de Francés salí mal, reprobé la asignatura.

Consigue la novela: Juvenal, cuando el gallo no canta

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miércoles, 9 de junio de 2010

Orden del Comandante



Cuando llegué a Venezuela en el año 1975 podía comprar libremente divisas a 4,30 Bs./dólar y hacer con el dinero fruto de mi trabajo lo que me viniera en gana. En cambio, hoy sólo puedo solicitar ante el ente gubernamental Comisión de Administración de Divisas (CADIVI), a través de algún banco operador, un monto máximo de 3.000 dólares anuales a 4.300 Bs./dólar, o como se dice ahora: 4,30 Bolívares Fuertes, que de fuerte no tiene nada debido a la inflación de los últimos años que es una de las más altas del mundo.

Ese monto de 3.000 dólares sólo lo puedo lograr si lo justifico adecuada y anticipadamente con un viaje al exterior, con pasaje en mano, tarjeta de débito, no estar inhabilitado en el sistema de Cadivi y que en ese momento exista disponibilidad de dólares en el banco. Además, debo mantener los comprobantes de mis gastos en el exterior por si acaso al gobierno se le ocurre examinar la legitimidad de mis consumos, caso contrario me expongo a severas multas.

Si alguien deseaba adquirir más dólares debía recurrir al mercado permuta para comprarlos a un precio mucho mayor, especie de mercado legal entre blanco y negro, porque estaba permitida la negociación de papeles financieros en dólares, pero no era legal publicar la tasa de cambio. Algo así como que la mujer del vecino podía montarle cachos a su marido con todo el mundo, pero había prohibición de decirlo.

Ahora, a partir de hoy, se acaba de autorizar un tercer tipo de cambio de divisas mediante un sistema de bandas que administra el Banco Central, pero sólo “para cubrir necesidades y no para la especulación”. No está nada de claro cómo el gobierno evitará que opere la ley de la oferta y demanda para un mantener una tasa que evite una inflación más alta que la ya desbocada por la política económica del gobierno, tampoco se sabe cómo el BCV determinará si la solicitud es especulativa o no, y menos se sabe si los criterios que se apliquen serán permanentes en el tiempo.

La economía del país funciona con las importaciones, es la maldición del petróleo, que es prácticamente el único producto de exportación del país, pero importamos el 70% de lo que comemos, aparte de otros insumos de la industria. Entonces para que funcione la economía del país se necesita importar materia prima, equipos, maquinarias, repuestos, tecnología, alimentos, medicinas, etc., y estos conceptos son dólares, dólares, y más dólares…

Los dólares preferenciales a 2,60 y 4,30 Bs./dólar son otorgado por Cadivi para importar productos de acuerdo a un listado de prioridades, bajo supuestos controles muy estrictos, pero que sin embargo no han podido ocultar la podredumbre de la corrupción y el favoritismo en los órganos del Estado y que se ha expresado, entre otras cosas, en las crisis de los empresarios chavistas.

De hecho, la nueva banca de la boli-burguesía se enriqueció con recursos públicos y luego huyó del país cuando fueron sorprendidos en sus delitos, en tanto que a ningún funcionario público le pasó algo, a pesar de que la estafa fue de millones de dólares. Otro caso vergonzoso es el de las importaciones con dólares preferenciales de miles y miles de toneladas de alimentos que se pudren en containers de los puertos y el gobierno intenta minimizar el escándalo como si no hubiesen millonarias comisiones que entraban en juego.

Para el gobierno la culpa es de los ricos. Por supuesto que si el gobierno sigue con sus ataques a la empresa privada, un perverso acosamiento para desprestigiarlos, sigue con sus embestidas a la disidencia política y las limitaciones a la libertad de opinión, continuará el ambiente de inseguridad jurídica y pérdida del Estado de derecho. En consecuencia, seguiremos con ínfimas inversiones en la economía, salvo en la industria petrolera donde las transnacionales funcionan con una perspectiva de medio y largo plazo, y se apostan como caimanes en boca de caño para cuando la nave se hunda en estas borrascosas aguas.

De modo que industria que no produce es signo de fuga de capitales, porque los dueños querrán llevarse el dinero, emigración de los sectores más acomodados de la población también es señal de fuga de capitales, expropiación de empresas privadas es fuga de capitales, las ansias de ahorrar en dólares también lo es.

Entonces no hay reservas internacionales que soporten esta fuga originada por las verborreicas amenazas del Atila venezolano, de manera que el sistema de bandas del Banco Central para la venta de dólares no tiene definitivamente mucho futuro, a menos que la tasa de cambio exprese las verdaderas expectativas económicas del país, o este sistema sea simplemente una gotera que obligará a surgir un nuevo mercado negro, como el que ocurre en la frontera con Colombia donde todos los días se transan bolívares y pesos colombianos que luego de transforman en dólares.

Sin embargo, para el gobierno la economía funciona por las órdenes impartidas por el supremo, la economía la entienden como el manejo de un cuartel. Entonces la ley de la oferta y demanda sencillamente se ha modificado por decreto, porque en el socialismo de Chávez los precios deben bajar cuando baja la oferta, es orden del comandante.

Asimismo, cuando se duplican los puestos de trabajo de las empresas expropiadas los costos deben bajar, ya que es orden impartida para las empresas básicas del aluminio, la siderurgia, la hidroelectricidad, etc. El que no obedezca esta nueva ley es contrarrevolucionario… y cuidado si antipatriota.

También la ley de la gravedad será modificada por orden del supremo jefe, ahora las cosas caerán para arriba para que nadie tenga que hacer esfuerzos exagerados como aquellos a los cuales obliga el capitalismo salvaje que tanto daño ha hecho a la humanidad. Orden del Comandante.
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sábado, 22 de mayo de 2010

Cap 4: Juvenal


................................................................Puerto de Coquimbo (1920)


- ¿Dónde está Teresita? – le pregunté a mi hermana Juana Rosa, una vez que había entrado a casa, con el presentimiento de que algo extraño estaba ocurriendo

- Está llorando en su pieza… - respondió mi hermanita

- ¿Por qué? ¿Qué ha ocurrido?

- Sucede… - comenzó a explicar – cuando tu saliste, mi tía Elisa le encontró el papel que tú le mandaste desde tu cama esta mañana.

- ¿Y…?

- Mi tía leyó lo que tú habías escrito en el papel y luego lo guardó – hablaba con expresión de disgusto y reproche - Teresita se abalanzó contra mi tía y le quitó el papel de sus manos…

- Sigue contándome – insté con ansias

- No tiene ningún derecho de quitarme mi papel… es mío, le reclamó Teresita a tía Elisa - continuó relatando Juanita - Pero ella la agarró de un brazo y se la llevó a su cuarto, aquí la golpeó y le quitó los zapatos para llevárselos al fondo del patio. Teresita la siguió, caminaba descalza y sus piecitos se lastimaron.

Juanita me hablaba agitada, muy molesta con mi tía Elisa, porque era evidente que ella estaba maltratando a su amiga, sin justificación alguna, con un excesivo celo maternal. Además, era un abuso de confianza en nuestro hogar, pues tía Elisa ya no vivía con nosotros, debido a que se había mudado a Coquimbo, donde trabaja como profesora en la Escuela Profesional de Coquimbo y está viviendo en casa de tía Mercedes.

- ¿Qué hizo mi abuelita? - pregunté

- Nada, ella no estaba, pero más tarde cuando regresó a casa se enfadó con su hija, reprochándole su actitud, ya que ambas estaban de visita en casa y debían comportarse con respeto – me seguía explicando Juanita – La abuelita le quitó los zapatos y se los devolvió a Teresita, entonces ella le dio el papel diciéndole: “vea usted si es pecado lo que he cometido, señora”.

Yo había escrito ese papel en la mañana, antes de levantarme, porque me sentí impulsado debido a que mi primer pensamiento al despertarme había sido para Teresita. No puedo negar que desde que la conocí, me pareció muy simpática, tiene una risita muy agradable y una conversación que me fascina… ¡me gusta!

Le envié con mi hermana Juanita un papelito donde parafraseaba un poema de Rubén Darío:

Teresita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar,
yo siento
en el alma una alondra cantar,
tu acento.
Teresina, te voy a contar
un cuento.

Más atrevido, también le escribí una rima de Bécquer con la insinuación de mi atracción por ella

Tu aliento es el aliento de las flores;
tu voz es de los cisnes la armonía;
es tu mirada el esplendor del día;
y el color de la rosa es tu color.

- ¿Ahora dónde está ella? – pregunté a Juanita

- Está llorando en su cuarto, porque tía Elisa le volvió a pegar, y la acompañan Cristina e Hildita que la están consolando. Ella me pidió que no te contara nada… vaya a verla y hable con ella.

En el salón estaba mi abuelita, tía Elisa y mi hermana Graciela, apenas las saludé y pasé casi corriendo a la habitación donde estaba Teresita. Les pedí a mis hermanas que nos dejaran solos y me senté a su lado. Aunque sabía, le pregunté:

- ¿Qué ha pasado?

- Nada… - sollozando, con sus ojitos llenos de lágrimas me miraba, me miraba mientras tomaba una de mis manos – La señorita Elisa me pegó, porque el papelito que me envió esta mañana…

Sentía mi corazón oprimirse frente a esta niña tan llena de dulzura, sus lágrimas eran heridas abiertas en mi alma. Acerqué sus temblorosas manos para poner mis labios en su tersa piel con un suave ósculo.

Conocí a Teresa Pimme recién llegado de mi viaje de Copiapó, cuando mi tía Elisa me la presentó como su amiguita de Coquimbo, a quién había invitado para pasar la Navidad y el Año Nuevo en casa, junto con mi familia. Teresita era una alumna en la Escuela donde era profesora mi tía.

Estuvieron en casa 4 semanas compartiendo con toda la familia. A través de los días fue naciendo una hermosa amistad con Teresita, disfruté mucho su compañía, siento mucho aprecio por esta muchachita tan llena de gracia y simpatía.

Por supuesto que también he disfrutado mucho la cercanía de mi familia, después de tantos meses de separación. Cuando llegué a casa, después de mi largo viaje, mi hermanita Hildita corrió hacia mí, con sus trenzas danzando al aire, se abrazó a mis piernas y me pedía que tocara mi violín.

Me hicieron tocar el violín, interpreté varias piezas que había aprendido en Copiapó y finalmente les toqué el vals que compuse para Rosita, vals de dulces ensueños, melodía de amor. Esta interpretación es la más les gustó, sin alabarme, me felicitaron y disfrutaron mi música de violín.

Tantas cosas habían pendientes para conversar, tantas novedades que habían para comentar. La gran sorpresa que he tenido es sobre el incendio que ocurrió el lunes pasado en la noche, antes de mi llegada, en el Pasaje Vicuña, se quemó casi media manzana y las pérdidas de los comerciantes fueron cuantiosas.

Las preguntas sobre el terremoto en Copiapó me han llovido, todos querían saber los detalles, aquí se sabía por las noticias de los periódicos que habían ocurrido 6 muertos y más de 100 heridos, que el edificio del Liceo, a pesar de que es asísmico, debido a su construcción de tabiques de madera con caña de Guayaquil, quedó muy afectado y se agrietaron los tabiques, se cayó parte del enlucido, se desplomaron murallas y se quebraron algunos bustos.

Aquí en La Serena también se sintió el terremoto, pero con mucha menor intensidad. El mar se recogió lentamente y retornó varías veces, más allá de su límite normal en la playa, pero no causó daños.

Otra novedad en La Serena, muy comentada, fue el suceso que ocurrió en Septiembre pasado, fue publicado en los periódicos de la ciudad, en “El Coquimbo” y en “El longitudinal”. A Marina Contreras por casi nada la matan, pues resulta que ella vivía con un agente de la policía secreta, quien en un arrebato de celos le disparó contra su cuerpo, después creyendo que ella estaba muerta el policía se disparó y murió.

En esos días fui a Coquimbo a visitar a mis familiares y vi a Teresa ¡Qué felices días pasé! Estuve cerca de una semana en casa de mis tías, pasee con ellas y Teresita, caminamos hacia el centro de la ciudad, una vez fuimos al circo, otro día llegamos hasta la Punta Pelícanos, donde está el Fuerte Lambert con su viejo cañón de la época de la Guerra del Pacífico,

Desde el área del Fuerte se tiene una espectacular vista de la Bahía y se camina entre rocas y sinuosos senderos que la naturaleza adorna con cactus y flores silvestres. Entre las piedras encontré una hermosa añañuca que regalé a Teresita y le dije:

- Recuerde que ésta flor tiene el nombre de una hermosa joven que vivía en un pueblo del norte, Añañuca, y que se enamoró de un minero con quien se casó y fueron muy felices – le explicaba, mientras tenía toda su atención – Un día el minero tuvo un sueño que le reveló donde se encontraba la mina de inmensas riquezas que él siempre buscó, entonces el partió a buscarla.

- ¿El encontró la mina y volvió con riquezas? – preguntó, con aires de cierta avaricia, me pareció. ¡Mujeres! pensé

- No, la leyenda dice que nunca regresó. Se dice que un espejismo se lo tragó, en tanto la joven de pena murió y fue enterrada un día lluvioso en pleno valle. Al día siguiente el valle amaneció cubierto de flores rojas que recibieron el nombre de esa infeliz mujer.

- Esa historia es muy triste - dijo algo apesadumbrada.

En la noche tomé el tren en la estación de “El Empalme”, partí a La Serena avanzando por las líneas férreas que bordean la playa de la bahía, veía las luces de los buques y vapores que se reflejaban en el mar, el vaivén de las aguas las hacían titilar y formaban fajas que venían y se iban en la oscuridad.

El puerto se fue alejando y parecía como un lugar donde algunas estrellas se cobijaban del mar. Qué noche tan sublime, tan bella, tan atractiva, hubiese querido tener a mi lado a Teresa para disfrutar el paisaje y seguir el abrazo que nos dimos al despedirnos en la estación.

Días después, en fechas de Carnaval, vinieron a casa, Jorge Aqueda, Alejandro Rubio y Segundo Sáez, saludaron a mis familiares y estuvimos conversando un rato en el salón de la casa. Salimos en la noche y en la Plaza de Armas le compramos empanadas de ave con huevo a “la gorda” del abasto. En realidad la gorda se llama Liliana, todo el mundo le manda a comprar sus deliciosas empanadas, dicen que para el Obispo le hace empanadas milagrosas con huevitos de codorniz.

En la plaza divisamos un grupo de muchachas que conversaban muy animadas, sentadas en un banco frente a la Catedral. Cuando nos vieron pasar hablaban entre sí y se reían mirando hacia nosotros, me turbé y di un traspié, se me cayó la empanada que venía comiendo y una aceituna se metió dentro de mi zapato… ¡Qué vergüenza!

Dimos una vuelta completa a la plaza y Segundo las saludó, ellas reían y nos miraban. Después de otra vuelta más a la plaza nos atrevimos a hablarles, ellas eran Emina, Rosalba y Rosaura. Estuvimos conversando trivialidades y luego las acompañamos a sus hogares en la calle Las Casas, cerca del cerro de la Cruz.

Después fuimos varias veces a visitarlas, anduvimos varias noches conversando con ellas. Yo hice amistad con Rosalba González y le presté varias postales de La Serena y de Copiapó, comenzó a nacer en mí una especial simpatía hacia ella, sin embargo, una noche nos vio un conocido de su familia y la acusó, entonces su mamá no la dejó salir más.

Un día Rosalba y Rosaura se encontraron con Rubio y no lo saludaron, lo mismo hizo Carlos, hermano menor de ambas. Yo fui varias noches a buscarla en vano, no pude ver a Rosalba, de modo que me sentí muy enojado y mandé a Carlos a pedir que me regresaran mis postales.

Después ni siquiera fui a buscar mis tarjetas donde Rosalba, me sentía muy disgustado, y aunque me daba cuenta que Rosalba se había enamorado de mí y me había prometido escribirme, creo que pondré fin a esta amistad. Me despediré para siempre de Rosalba, pensaba muy dolido por la actitud de ella.

Hoy día jueves, 24 de abril de 1919, estoy otra vez de viaje en tren hacia Copiapó. En la distancia se desvanece mi ciudad La Serena, también se aleja el poblado de la Compañía, en la ribera norte del río Coquimbo… finalmente la ciudad se perdió, se perdió como cuenta la leyenda de Juan Soldado.

En efecto, la leyenda cuenta que la ciudad de La Serena era muy bella en su origen y estaba construida en un lugar cercano al actual. Vivía en las cercanías un joven agraciado, pero pobre, a quien lo llamaban Juan Soldado. El se enamoró de la hija única de un cacique riquísimo y muy ambicioso, quien se opuso a que su hija se casara con un pobre.

Sin embargo, los enamorados decidieron huir para casarse en una iglesia de La Serena. Así lo hicieron, pero en el momento en que el sacerdote bendecía el matrimonio, se produjo un gran alboroto, porque la gente decía que el cacique se aproximaba a la ciudad, amenazando destruirla y después matar a los enamorados.

Nadie sabe lo que pasó, pero en el momento que el cacique con sus guerreros pisó los suburbios, la ciudad se desvaneció. Recorrieron el campo donde estaba situada, pero no la encontraron aunque la estaban pisando.

En ciertas noches, singularmente los sábados, los que pasan cerca del sitio en que estuvo edificada la ciudad oyen música y canciones, y el Viernes Santo la ciudad se hace visible a los que la contemplan desde lejos, pero luego se borra poco a poco.

Creo que algo debo tener de Juan Soldado, pues se me ha desaparecido mi querida ciudad y soy tan pobre como ese Juan de la leyenda, también mi corazón es grande y llevo dentro de él a todos mis amores… puedo sentir la música de un vals y también puedo sentir la dulce sonrisa de Teresita… ¿Ella se acordará de mí?

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jueves, 13 de mayo de 2010

Cap 3: Juvenal

..............................................Calle Catedral esquina Balmaceda. La Serena, 1904.

He llegado a mi querida ciudad, La Serena, cuando tan sólo falta una semana para festejar la Navidad de éste año 1918. Faltan muy pocos días y las iglesias anuncian la conmemoración del nacimiento del niño Jesús y se preparan para los cánticos religiosos. Las más beatas ya empiezan a rezar con devoción el rosario cada tarde.

¿El Rosario? Supongo que debe ser muy importante rezarlo lo más rápido posible, pues siempre he observado que en el murmullo de las que rezan no se entiende para nada lo que dicen, quizás importa la rapidez como demostración de mayor devoción hacia la Virgen, lo cual no está nada de mal, pues en sus diversas apariciones por todo el mundo ha revelado a los privilegiados testigos de tales milagros que “el alma que se encomiende a mí por el rezo del Rosario no perecerá”… nada de mal tan generosa oferta.

Cada vez que se reza un Ave María se le está dando a la Virgen una rosa, así un rosario completo le hace una corona de rosas. La rosa es la reina de las flores, entonces el rosario es la rosa de todas las devociones, por ello la más importante de todas. Me parece muy bien, pero en todo caso, me preguntó por qué cada 10 Avemarías sólo basta un solo Padrenuestro, ésta es una aritmética algo extraña ¿verdad?

Volviendo a mis reflexiones sobre La Serena, a mí me parece que es una ciudad donde todo está influido por la religión católica de una manera más determinante que otras poblaciones, la gente tiene en público un aire santurrón, una conducta mojigata, como si nunca matasen siquiera una mosca.

Claro, con tantas iglesias por todas partes, en cada esquina se puede divisar alguna capilla o algún convento, se puede sentir la mirada inquisidora del vecindario que cuida alertar contra los pecados que se deben evitar, o más bien, se deben mantener en la intimidad lejos de la vista de los demás. A hurtadillas todos miran lo que acontece en el exterior de las casas y los chismes de algún modo llegarán a los oídos de algún párroco ávido de escuchar.

El refrán dicen: “Pueblo pequeño, infierno grande”. En efecto, así es esta ciudad que tiene alrededor de 15.000 habitantes, con su solemne apariencia de tranquilidad y pureza celestial, ofrece una vida donde casi todas las familias se conocen entre sí y muchos hacen de las delicias, con sus sabrosos comentarios, a costa de las tripas de los demás. Después está el confesionario de la iglesia para limpiar el alma de las malas habladurías.

Desde su fundación por los conquistadores españoles, ordenada por Pedro de Valdivia, con el nombre de “Villanueva de La Serena”, la ciudad ha tenido muchas iglesias y también muchos chismes. La fundó el Capitán Juan Bohón en el año 1544, pero tan sólo cinco años más tarde una sublevación de los indígenas provocó la muerte de casi todos los españoles, destruyendo e incendiando el poblado entero.

Pedro de Valdivia estaba más ocupado en sus aventuras de conquista en el sur de Chile, me refiero a conquistas territoriales enfrentado a los araucanos aborígenes, y también a sus conquistas amorosas con Inés de Suárez, la primera mujer española que llegó a éste país, acusada más tarde ante la Real Audiencia por su libertinaje sicalíptico con Valdivia.

Con su legendaria testarudez extremeña Pedro de Valdivia le ordenó al Capitán Francisco de Aguirre, Teniente Gobernador de la región norte, la refundación de la ciudad. En el mismo lugar donde hoy está la Plaza de Armas, nace el 26 de agosto de 1549 la ciudad “San Bartolomé de La Serena”.

Por supuesto que hubo una guerra de venganza contra los indígenas hasta prácticamente su exterminio, lo cual despobló los valles, de modo que hubo que traer indios del sur, y algunos pocos negros, para realizar las faenas de agricultura y de explotación de los lavaderos de oro.

Entonces el peligro ya no vino de los indígenas, sino de los piratas y corsarios que saqueaban las ciudades con inusitada violencia en sus continuos ataques. Francis Drake abriría la ruta del Pacífico hacia 1578 y nos hizo desagradables visitas, Bartolomé Sharp quemó la ciudad y la saqueó en 1680, Edward Davis le prendió fuego al convento Santo Domingo en 1686. Causaban gran temor en la población.

En aquel momento me imagino que tantos templos en la ciudad no sólo eran una protección divina para la gente de la ciudad, tantas vírgenes y tantos santos proveían una sentido de protección a los habitantes, sino además eran también un enorme atractivo para los piratas, quienes no desconocían las valiosas riquezas y tesoros que cobijaban las iglesias… ¡tontos no eran!

El templo más importante de La Serena fue y sigue siendo La Catedral, situada en la Plaza de Armas, al oriente en su extremidad sur. Fue la primera iglesia parroquial que se fundó en la ciudad, originalmente como la antigua iglesia Matriz. La demolición de esta antigua iglesia se inició el año 1841, colocándose la primera piedra de la Catedral en enero de 1844 y concluida el 15 de setiembre de 1856.

Claro, aquí no solamente irradia la suprema protección sagrada de la iglesia debido a su condición de catedral, sino también está la militante actitud de tantos muertos que dejaron generosas donaciones, como por ejemplo el legado de la Marquesa de Piedra Blanca de Guana, doña María Bravo de Morales, cuyo testamento del 15 de mayo de 1719 rezaba así:
“…mando a mis albaceas entreguen al cura i vicario de ésta ciudad, que al tiempo de mi fallecimiento, las tierras que deslindan desde la punta que abajo dejo a los padres de Santo Domingo (Lagunillas), corriendo hasta la estancia nombrada el Sauce, esclusive, con el cargo i condición que me canten todos lunes del año una misa, antes de la procesión de Animas, por mi alma, la de mis padres, abuelos, i benditas ánimas del purgatorio…”
Entiendo que así han habido muchas más donaciones de generosos fieles. De modo pues, quizás ya no haya espacio para asignar hasta la eternidad más misas, debidamente cantadas, cuando yo muera, en la circunstancia que yo decidiese ordenar a mis albaceas que entregaran mi fortuna, en este caso mi violín, después de mi muerte, a tan sagrados destinos.

Otro templo muy importante en La Serena es la iglesia San Francisco. Este es el único de los templos que no fue consumido por las llamas de incendio de 1680, según la tradición, debido a la presencia de un anciano sacerdote franciscano, que no quiso o no pudo huir durante el saqueo de los piratas, y logró inspirar con sus canas el respeto entre los desalmados secuaces de Sharp, sus ruegos y humildad para poner a su disposición todo objeto de valor que se encontrara en el convento habría logrado que no incendiasen la iglesia.

Se descubrió en el siglo pasado una inscripción, grabada en una piedra que había permanecido por muchos años tapada por una gruesa capa de cal, con la fecha de su construcción: 25 de diciembre de 1627. De modo que es el templo más antiguo de la ciudad, levantado con bloques de calizas, granulentos y sólidos, traídos de las canteras de Peñuelas.

El convento de San Agustín es otra importante construcción religiosa, fundada después del incendio del bucanero Sharp por la congregación de la Compañía de Jesús. En realidad el verdadero convento de los agustinos estaba situado en la parte nor-oeste de la ciudad y el nombre de la iglesia era Nuestra Señora de la Consolación, la que probablemente desapareció con el incendio de los piratas.

Los agustinos comenzaron a edificar una nueva iglesia, pero su construcción no avanzó prácticamente en nada, seguramente por falta de recurso y sencillamente por mala administración, tal como lo insinúan las décimas que un anónimo y humorístico fraile escribió:
“Mis ojos fueron atentos
en registrar estas cuentas,
i vieron que tantas rentas
todas se volvieron cuentos
Estos fueron los portentos
que los viejos nos dejaron
ellos las sumas sacaron
pero con tal perfección,
que de la enmaderación,
ni los vestijios quedaron.”


Sin embargo, la célebre expulsión de los jesuitas en 1676, por decisión del monarca Carlos III, permitió a los agustinos tomar posesión del templo que hoy se conoce con el nombre de San Agustín, mediante acuerdo de la Real Audiencia.

Todos los jesuitas fueron expulsados de los dominios del rey de España, debido al recelo que despertaba su obediencia al Papa y la falta de lealtad al rey, cuya autoridad supuestamente provenía directamente de Dios. Esta perniciosa filosofía minaba la sumisión al monarca y daba lugar a teorías peligrosamente subversivas para la corona… ¡Caramba, afortunados los agustinos!

Según cuentan las crónicas de la ciudad, tampoco se salvó la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes del incendio de los piratas de Sharp, denominada antiguamente Santa María Magdalena de la Merced, pero fue rápidamente reconstruida en la misma propiedad que se extendía a toda la manzana en que actualmente está situada.

Es una lástima que se haya perdido en el tiempo la generosa obligación de esta iglesia para mantener un aula gratuita de latinidad y la repartición gratuita de 16 pesos a los pobres, en el día de la Natividad de Nuestra Señora, según legado de la marquesa de Piedra Blanca de Guana, quien enriqueció notablemente este convento.

En efecto, la referida marquesa, doña María Bravo de Morales, dejó un magnánimo legado para la iglesia de la Merced, motivo por el cual supongo que debe estar sentada a la diestra del Señor. Decía el legado, entre otras cosas:
“…mando a mis albaceas que den a mi madre Sma. De la Merced una joya de pecho de diamantes, a manera de erizo, que tiene 129 diamantes, i vale de todo costo 912 pesos… otra joya de diamantes, a manera de alacrán, que tiene 54 diamantes, costó 440 pesos… una gargantilla de diamantes con 11 piezas y 146 diamantes, con 103 granos de perlas, i vale de todo costo 1550 pesos… un par de zarcillos de diamante de peras, i tiene 192 diamantes de distintos tamaños, que valen 1306 pesos…”
Y continúa una larga enumeración de muchas más joyas de importante valor, elaboradas con oro, plata, diamantes, esmeraldas, perlas, etc. También deja para la santísima virgen algunas valiosas prendas de vestir:
“…dejo a dicha mi Sra. De las Mercedes un vestido azul de tela rica, entero con su encaje de realce, mando que de la pollera se haga un velo… dejo una pollera columbina con encajes de realce de tela rica… un vestido de tela rica musga… una mantilla de tela rica columbina…”
¡Vaya, esto es sorprendente! No logro imaginarme algún cura probándose las polleras de doña María, ni mucho menos adornándose con las preciosas joyas que cualquiera podría envidiar. No fue todo, sino aún más:
“… es mi voluntad que desde la hora de mi fallecimiento pase mi hacienda de Copiapó, con todas las tierras que tengo en aquel valle, con todos los negros, negras i damas, esclavos i esclavas mías, a los padres i religiosos de la orden de N. M. de las Mercedes, para que allí se funde un convento con el título i nombre de mi Sra. de las Mercedes…”
Todo esto no fue gratis, por supuesto. Doña María impuso algunas obligaciones, aunque podría decirse que era sólo parte de la rutina de los religiosos y no significaba ningún esfuerzo particular, pues entre otras decía:
“… mando que el domingo se cante la misa por el Maestro de campo Don Pío Bravo de Morales: mi padre… mando que el lunes se cante la misa por el alma de Don Bernabé de Riveros, mi abuelo… mando que el viernes se cante la misa por el alma de Doña Lorenza de Castilla, mi abuela… mando que todos los meses se digan 12 misas rezadas, las 4 por mi alma, las 4 por el alma de mi hermano Don Diego de Morales, i las 4 por el alma de mi hermano Don Pío de Morales”
¡No estaba mal el negocio! Todos salían ganando, unos obtenían la licencia directa para el cielo, sin mayores trámites, otros unas joyitas que nunca están de más… también ganaban los filibusteros que no les faltaba el buen olfato para oler donde se guardaban los valiosos tesoros, acopiados con la sangre y sudor de quienes no pudieron nunca pagar ni misas, ni cantos, ni rezos.

Me viene a la mente otra iglesia de La Serena, el Convento de Santo Domingo que, como otros templos, seguramente se fundó de manera humilde con paredes de adobes y techo de paja y totoras, pero luego principiada con piedra labrada, como la que hoy existe, construida con no pocas fatigas y trabajos de sus priores, sobre todo con el privilegio que le otorgó el cabildo en 1759 para que obtuviesen recursos con una fábrica de tinajas para el transporte de vinos y aguardiente… el fervor religioso no tiene por qué divorciarse de algunas copitas de vez en cuando.

Las tradiciones de la ciudad cuentan que durante la construcción de esta iglesia una salida del mar amenazó la ciudad, pues las olas del mar habían avanzado más de una milla y cubrían las vegas. El pueblo espantado sacó la virgen del Rosario para oponerla como un formidable dique contra las embravecidas olas del mar, entonces las aguas se retiraron frente a su presencia. Por esta circunstancia, se dice, la iglesia ocupa el lugar que tiene.

Hay muchas más iglesias en la ciudad, seguramente más de veinte, además oratorios, capillas, conventos, monasterios, etc. Está la iglesia Santa Inés, en su primitivo origen una ermita; la iglesia Santa Lucía, anexa al Seminario Conciliar; la iglesia de San Juan de Dios, vinculada al hospital del mismo nombre; la iglesia de los Capuchinos, cuya ampliación se inició el año 1865 con la colocación ceremoniosa de la primera piedra, pero que hasta la fecha no se ha colocado la segunda; la iglesia del Corazón de Jesús; la iglesia El Tránsito; la iglesia del Monasterio del Buen Pastor… y, en fin, otras más.

Así es mi ciudad, cada vez la voy entendiendo un poco más. Ahora que he llegado a pasar mis vacaciones de verano he recorrido con más atención sus calles, caminando junto con mi amigo Segundo Sáez mientras evocamos aventuras de Copiapó. La ciudad me parece más alegre con sus calles empedradas y nombres llenos de historia: Almagro, Colón, San Agustín, Recova, Catedral, San Francisco, San Juan de Dios, Lazareto, San Miguel, Santa Inés, Carreras, O’Higgins, Cienfuegos, Renjifo, Infante y muchos más.

Cuando íbamos caminando hacia la Alameda, cerca del Banco de Chile, nos cruzamos con Sarita que caminaba por la acera de enfrente. Nos miramos un poco confundidos, sin saber bien a qué atenernos, notaba en ella una cierta perturbación. La saludé y seguí.

Llegamos a la pileta de la Alameda, había una luna llena que parecía entregarme un secreto mensaje, dirigí la mirada hacia lo lejos en dirección al norte, recordé aquellas felices noches que pasé al lado de mi adorada Rosita. Esta noche le escribiré una carta con las palabras más bellas que guarda mi corazón para tan tierna beldad que me llena de dulces recuerdos… ¡Dios me la guarde!


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