martes, 23 de febrero de 2010

CAPRICHOS DE LA EVOLUCIÓN

.
El engreimiento del hombre no tiene límites, lo invade la soberbia y vive embriagado de envanecimiento, sin un ápice de humildad, no tiene conciencia de su insignificancia en el universo ni de la fugacidad de su vida. El hombre se siente el centro del cosmos y con el amparo de alguna religión busca una inasible felicidad eterna.

Cierto es que la evolución, como lo comprobase Darwin, que resulta de las mutaciones genéticas y la selección natural, después de un largo camino de cientos de miles de años, ha traído al ser humano a estadios extraordinariamente superiores de desarrollo y a su supremacía sobre el reino de todos los seres vivos en el planeta.

Los cambios en el medio ambiente han inducido alteraciones en los organismos vivos, han hecho que los individuos mejor adaptados a las condiciones reinantes tengan ventajas competitivas sobre sus congéneres y, por lo tanto, mejores posibilidades de que su descendencia predomine. Entonces es verdad, somos el resultado de la selección de los mejores.

Sin embargo, si las condiciones dejan de ser favorables pueden ocasionar la extinción de la especie humana, dura lección de la historia evolutiva que parece no haber sido suficientemente asimilada por la humanidad que daña irresponsablemente su propio entorno. Nuestro planeta tiene innumerables ejemplos de extinción de especies que no han podido adaptarse rápidamente a los cambios del medio.

Hace un poco más de 4 millones de años apareció el primer homínido, el llamado Australopithecus, especie con un cerebro relativamente grande que podía mantenerse erguido, caminar y correr en dos pies, y medía más de un metro de estatura. Luego apareció hace 2,5 millones de años el género Homo, cuya evolución dio lugar hace más de 200 mil años al homo neanderthal y el homo sapiens. El hombre de Neanderthal desapareció completamente y su lugar fue ocupado por los hombres modernos hace 35 mil años. Ahora, todos los seres humanos formamos parte de una única especie.

Somos una sola especie, homo sapiens, pero con parientes muy cercanos, demasiados cercanos para quebranto de nuestro propio orgullo, aunque actuamos como si no lo supiéramos. Compartimos el 99.4 % de los genes con los chimpancés, el 97.7 % con los gorilas y el 96.4 % con los orangutanes.

¿Pero qué es esta historia de apenas 4 millones de años del homínido, frente a una presencia de los dinosaurios durante más de 160 millones de años? Dominaron la tierra hasta hace 65 millones de años, cuando desaparecieron debido al impacto de un gran meteorito que provocó el cráter Chicxulub, de 180 kilómetros de diámetro, en lo que hoy es la Península de Yucatán en México.

En base a los fósiles estudiados se conocen más de mil especies de dinosaurios, entre herbívoros, carnívoros, omnívoros e insectívoros. Las hipotéticas estrategias de caza de estos animales implican cierto desarrollo de la inteligencia, agilidad y fuerza, que hacen necesaria una fisiología bastante avanzada. Entonces, ¿hasta dónde hubiese llegado su evolución estos últimos 65 millones de años si no hubieran desaparecidos?

Desgraciado meteorito que los eliminó, o más bien, que afortunados somos nosotros que descendemos de los mamíferos que tuvieron la oportunidad de sobrevivir la catástrofe del intruso extraterrestre, que luego pudieron diversificarse y dominar sobre las otras especies de la naturaleza. Es muy probable que si no se hubieran extinguido los dinosaurios, los humanos no reináramos sobre el planeta y, en consecuencia, las formas más inteligentes de hoy serían descendientes directos de los dinosaurios.

Quizá estos descendientes de los dinosaurios, por ejemplo sucesores del Tyrannosaurus Rex, estarían desarrollando tecnología avanzada, dejando su huella en el planeta Marte y... escribiendo en este blog.
.

domingo, 21 de febrero de 2010

CAP 1: Juvenal

.

He despertado muy temprano, dormí con la preocupación de llegar con tiempo a la estación ferroviaria de La Serena para tomar el tren hacia Copiapó. El longitudinal parte hacia el norte a las 8 de la mañana, si no llega atrasado de su largo viaje desde Calera.

Son las 4 y media de la mañana y ya se siente el cántico de los pajarillos con su alegre despertar, es un día que transita por el clima otoñal de este año 1918, el ruiseñor canta en la cumbre del inmenso nogal, canta al amanecer que viene desde las lejanas montañas de los andes nevados.

De pronto el gallo, con pose altanera y soberbia, también anuncia el nuevo día en medio de su harén de gallinas que sólo atinan a un leve cacareo que más parece un murmullo. Mal agüero es si las gallinas cantasen, pues sería señal de mala suerte y de muerte, en tanto que el canto del gallo es símbolo de valor y abundancia.

A mí me alegra el canto del gallo, ya que su cantar matinal anuncia el fin de las juergas nocturnas, ahuyenta la muerte, nos exorciza de demonios y espíritus malignos. El canto del gallo expulsa a los diablos, brujas y duendes que abundan en la soledad de las noches.

También el gallo es símbolo de fecundidad, en el sentido de fertilidad, de la cual está signada mi familia. De hecho somos cinco hermanos y yo soy el mayor, en orden de edad: Héctor Juvenal, Graciela, Juanita Rosa, Cristina, Hildita Hortensia y Luis Felipe.

Podríamos haber sido muchos más hermanos, pero un lóbrego día el gallo no quiso cantar, ese día una gallina con un falso cacareo lo quiso imitar, fue un triste día que no amaneció, fue un viernes 13 de Febrero de 1914 cuando mamá falleció.

Mi madrecita murió a los pocos días de haber nacido mi hermanito menor, Luis Felipe, la alegría de la llegada del bebé se ensombreció de angustia para toda la familia. Muy poco tiempo después falleció papá de tristeza y soledad.

El agudo canto del gallo me saca de mi ensimismamiento, ya llega el amanecer, me levanto de la cama y me asomo por la ventana, poco a poco se notan los comerciantes ambulantes que pregonan sus mercaderías, aumenta el tráfico de coches, carretas y carretones, se siente el galope de los caballos y su relinchar entre los gritos de la gente.

La algarabía del mercado comienza al amanecer, traen la mayor parte de las verduras, hortalizas, legumbres y frutas del valle del río Coquimbo y también de las chacras de la pampa. Además se venden gallinas, carne de vacuno, carne de chancho, pescado y muchas cosas más, todo entre una verdadera confusión de vendedores, pregoneros, compradores, cocheros, cargadores, carretoneros, caballos, burros y algunos perros que buscan algo para comer.

Las campanas de las iglesias llaman temprano a misa, tilín talán talán, campanadas de diferentes tonos, algunas cercanas, otras lejanas. La Serena es la ciudad con más iglesias en el país, con relación a la cantidad de habitantes que tiene, también tiene muchas beatas que muy temprano se dirigen a orar, caminan con pasitos lentos y leves, con su cara cubierta con un velo y el rosario entre sus dedos arrugaditos.

- Juvenal, dése prisa en arreglarse para irnos en el coche a la estación – me reclama mi abuelita Juana, mientras prepara el desayuno en la cocina.

- Sí, abuelita, casi estoy listo. No olvide darme los sándwiches de carne de gallina, los huevos cocidos duros y las manzanas para llevar en el viaje – contesté mientras me apuro en colocarme el corbatín en el cuello

- Vaya a decirle al cochero que suba los bultos de sus cosas y que espere, dígale que nosotros ya vamos – me apura mi abuelita

Mi abuelita me ha preparado un jarro de leche de cabra bien caliente, unos huevos recién traídos del gallinero, pasados por agua hirviente, y un sabroso pan que ella misma hace en el horno de leña y que devoro con ansiedad. Anoche ella estuvo arreglando toda la ropa que ahora me llevo a Copiapó, con mucho cuidado, usando la plancha a carbón, dejó toda mi ropita bien planchada y doblada.

Mi abuelita Juana es una mujer de mucha energía, con una gran fortaleza, que asumió nuestra crianza una vez que quedamos huérfanos. Nos quedamos viviendo junto con ella en una casona grande, construida con anchos bloques de adobe, mezcla de barro y paja, en las cercanías del mercado municipal de la ciudad, el mercado La Recova, en la calle Cienfuegos, y en un extremo de la vivienda estaban las habitaciones donde vivían mis tías, sus hijas Elisa y María Luisa

Ella decidió enviarme al internado de la Escuela Normal de Copiapó, una vez que terminé mis estudios de la Escuela Primaria. Mi primer año, con el dolor reciente de la muerte de mi madrecita, fue en 1916 cuando apenas tenía 14 añitos.

Aquella vez sentí que se me partía el corazón al alejarme de mi familia, separarme de mis amigos, lejos de mi ciudad, ausente de mi hogar, se desgarraba mi alma con lágrimas contenidas, ya no tenía a mi madrecita para sentir su protección frente a un mundo agresivo y desconocido para mí.

Es cierto que tenía la emoción de la aventura, conocería otras realidades y forjaría un espíritu de luchador, pero también sentía el temor de la incertidumbre y me embargaba un profundo sentimiento de soledad. Me envolvía el desconcierto de mi alma desamparada y la angustia consumía mi interioridad.

Sin embargo, tenía la obligación de sobreponerme a mi conciencia de orfandad, pues como soy el mayor de los hermanos, el hombre de la familia me decía mi abuelita, debía pronto alcanzar una profesión para ayudar a los que me seguían atrás. Mi deber era esforzarme en mis próximos estudios de normalista para después apoyar a la familia que tanto ha dado por mí.

Ahora es mi tercer año de estudios en Copiapó. Me despedí de mi hermano menor y de mis hermanas, Hildita con sus pies descalzos, con dos trenzas en su larga cabellera, hechas descuidadas de manera desigual, y un largo camisón desteñido, me miraba con sus ojitos negros, es mi hermanita de 7 años de edad, dio media vuelta y se fue corriendo a su habitación.

Junto con mi abuelita subimos al coche para llegar hasta la estación de ferrocarril, ubicado en las afueras de la ciudad. Lástima que el caballo del coche hizo un extraño corcoveo que hizo saltar parte de sus propios excrementos con orín y ensuciaron el largo faldón negro de la abuela. Con mal humor se limpió con mi pañuelo perfumado de rosas que yo guardaba como secreto recuerdo.

El tren longitudinal llegó 4 horas atrasado, mi abuelita Juana me acompañó en la estación ferroviaria hasta que el tren se alejó con sus fuertes pitazos intermitentes y el fuerte resoplar del vapor a presión. El tren, con su pesada estructura de hierros, tomaba su ritmo con su ruidoso golpeteo de sus mecanismos de tracción.

Mi abuelita Juana quedó atrás. Ella con su rostro adusto imponía su fuerte y severa autoridad, pero también expresaba su sentido de protección y velaba por toda la familia y, en especial, por mi progreso para lograr que algún día, como ella misma lo dijera, fuese alguien en la vida.

Desde el tren alcanzo a divisar los bellos prados del valle de Elqui, poco a poco mi pueblo natal lo pierdo de vista y el paisaje va cambiando con los cerros color ocre pardo con tonalidades amarillos grisáceo y café rojizos, cada vez la vegetación se vuelve más pobre y anuncia el desierto atacameño.

A lo lejos se alcanza a observar la cordillera de los Andes, con sus montañas de picos nevados que bañan los valles transversales del país y, en sentido opuesto, a la izquierda, está la costa bañada por el bravío mar cuya sed infinita se sacia con los delgados cursos de agua que bajan de la majestuosa cadena montañosa.

El tren es arrastrado por la fuerza de la locomotora a vapor que lanza grandes bocanadas de humo negro, mientras sus calderas consumen de alimento muchas toneladas de carbón. Algunos pocos tramos de inmensas curvas, con fuertes pendientes del sendero de rieles, someten a la locomotora a un gigantesco esfuerzo que sólo puede lograr un lento avance, prácticamente a la velocidad de un caminante.

Efectivamente, algunos pasajeros se bajan del tren y caminan junto a él, mientras su sirena solloza con ardor el esfuerzo extremo que realiza para subir las empinadas cuestas, incluso deben enganchar las ruedas del tren en rudos engranajes, cremalleras junto a los rieles, para evitar deslizamientos entre los chispeantes aceros.

Dentro del vagón el calor se hace sofocante, no sopla brisa, sólo queda abrir todas las ventanas, quitarse el corbatín y relajarse en el asiento de madera para dejarse llevar por la imaginación y los recuerdos.

Mi mente me lleva a evocar remembranzas de este verano, dulces vacaciones en mi ciudad natal, La Serena, junto con mis amigos de esta juventud ansiosa de aventuras que llenen de plenitud mi alma robusta y juncial, sedienta de amor.

Recuerdo que una noche de verano salí con mi amigo Alfredo Segundo Sáez, fuimos a disfrutar el biógrafo, entramos al cine Royal en el sector de galería, la parte de atrás que es más barata, estábamos a lo pobre. En el anfiteatro vi a una joven que pretendo, estaba con un traje blanco de mangas largas, puños y cuello con blondas rosadas, un sombrero con la misma lista, ella es una hermosura angelical.

Su hermanito de 10 años de edad estaba también en galería, entonces ella le pidió que se le acercara y le diera el programa de películas, pero él se negó y no se lo dio. Entonces yo me levanté del asiento, caminé hacia ella y le obsequié con la mayor gentileza mi boletín, le sonreí y le dije que podía quedárselo. Ella sonrojada, algo avergonzada, me dio las gracias y me regaló una dulce sonrisa que grabé en lo más profundo de mi alma.

Cuando volví a mi asiento me sorprendí que todos los de mí alrededor me miraran con picardía, como si mi atrevimiento hubiese sido una fechoría o algo indebido.

- No te avergüences – me dijo Segundo al llegar a mi asiento, solidarizando conmigo

- De cerca ella es más bella – le dije con un suspiro profundo, mi corazón latía todavía de emoción.

Una vez que terminó la función la esperamos en la esquina. Cuando ella pasó nos dimos unas miradas profundas, miradas que llegan al alma, miraditas de complicidad que dicen lo que no puede expresarse con palabras. He pensado mucho en ella, incluso he soñado con esa joven beldad de dulce mirada y suave sonrisa.

El amor es la más importante fuerza de la vida, es como el hambre que se debe saciar para no morir. Esto me recuerda el día que conocí, a fines del mes pasado de Enero, una linda jovencita que dijo llamarse Sara Rosa Cortés. Ella vive en la calle Almagro. Nos hicimos amigos y comenzamos a citarnos regularmente.

En el atardecer de un día de verano, mientras soplaba suavemente la brisa marina desde la bahía de Coquimbo, me encontré con Sarita en la Alameda. Caminamos por ese hermoso paseo público, construido en la antigua quebrada San Francisco, con jardinerías y árboles frondosos que invitan al romance.

Sarita caminaba lento, con su larga cabellera que mecía con coquetería, me sonreía y me escuchaba con atención, sus ojos tenían el brillo de la alegría y su mirada llenaba de dulzura mi corazón. Tomé una flor del jardín y se la regalé, la puse es sus tersas manos que pude acariciar.

Nos sentamos en un lejano banco donde la vegetación del entorno disimulaba nuestra presencia. Seduje a Sarita con suaves palabras en sus oídos, cobijando sus manos entre mis manos, su calor me envolvía y contagiaba llenándome de ardor.

- Niña de mis sueños, le amo con pasión - susurré muy cerca de su rostro y sellé mis palabras con un leve beso en sus sonrosadas mejillas. Sus ojos entrecerrados me entregaban sin condición su tierna alma.

- Yo también le amo – me dijo como un suspiro e inclinó su rostro hacia mí. Nos amamos mutuamente, me regocijé, y quiero que este momento se haga una eternidad.

- ¡Sara! ¡Sara! – gritó de repente un niño pequeño en las cercanías – ¡mamá dice que te vayas a casa de inmediato! – la increpaba con tono brusco e imperativo que rompió el dulce ensueño de nuestro romance.

Sarita de un salto salió corriendo, sin apenas despedirse, con su cabellera castaña danzando libre al viento, y en su carrera perdió su pequeño pañuelo que tomé como recuerdo para sentir su aroma rosa. Después busque a Sarita muchas veces, pero no la volví a ver. Pienso que su mamá es una mujer cruel y desconfiada… bueno, quizás tuvo algo de razón.

El monótono ruido del tren y su vaivén acompañan mis pensamientos y me adormecen, ya llega la noche y todavía faltan algunas horas de viaje para llegar a Copiapó. Otro año más de estudios en esa ciudad, este es el tercero que inicio de un total de seis años que debo cursar para graduarme de Maestro Normalista.

Me acompaña mi fiel violín que heredé de mi abuelo, con el cual puedo tocar breves melodías para encanto de mi familia. Este verano he tenido mis primeras clases de música, teoría y solfeo, con Don Julio Gómez, quien fue a su vez el que les enseñó música y a tocar la guitarra a mis tías María Luisa y Elisa. Tía Elisa ahora es profesora en la Escuela Profesional de Coquimbo

A medianoche se divisan a lo lejos las luces de Copiapó, allá está la Escuela Normal, muy cerca de la estación de trenes, en el sector La Chimba, mi segundo hogar, fuente de luces para saciar mi sed de aprendizaje, las ansias de conocimientos para después, una vez que me gradúe, dedicarme a educar a otros que vienen atrás.

Algún día, lo digo con mucho orgullo, seré maestro normalista y sentiré el placer de enseñar a jóvenes que podré aconsejar para que no cometan mis errores, entonces mis lágrimas y mis sufrimientos habrán sido útiles para tender mis manos a quienes la puedan necesitar.

Si Dios se apiada de mí y me da muchos años de vida, si me premia con los hijos que quisiera tener, les daré a ellos mis mejores ejemplos y siempre los protegeré de las calamidades de la vida. Con el brillo del sol de todos los días habré purificado mi espíritu y el resplandor de mi alma sensible será un abanico de luces para los demás.
.


Consigue la novela: Juvenal, cuando el gallo no canta


sábado, 23 de enero de 2010

MORAL Y LUCES


Dicen que durante la creación del mundo le reclamaron a Dios que a Venezuela la había privilegiado puesto que era injusto asignarle tantos recursos naturales, grandes ríos de enorme potencial hidroeléctrico, reservas petrolíferas para cubrir sus necesidades de energía por cientos de años, condiciones climatológicas para desarrollar la energía solar, eólica, marina, etc., entonces Dios contestó que no había ningún favoritismo, al contrario, había colocado también en el país algunos chavistas que eventualmente tendrían el poder del gobierno… ¡Vaya desgracia tan maluca!

¿Por qué Dios nos habrá puesto tan difícil prueba? Acaso tan grande ha sido nuestra desobediencia a su mandato divino que nos castiga como a los egipcios que sufrieron las 10 plagas bíblicas que describe el Antiguo Testamento y la Torá. Al menos si el castigo hubiese consistido en el Diluvio Universal, entonces tendríamos agua para saciar la sed, para el aseo personal y bañarnos todos los días, para atender a los animales que nos acompañan y proveen de alimentos; sin embargo, entre las plagas más brutales del país está la sequía que ahora nos agobia.

La sequía limita la disponibilidad de agua en las represas, las cuales tienen restringida su capacidad de generación hidroeléctrica que, a su vez, asfixia la ya muy golpeada capacidad industrial del país. Entonces nuestro mesías impone racionamientos de electricidad y agua a toda la población del país.

Este irreverente gobierno no tiene escrúpulos en insinuar la culpa de esta situación al castigo divino de nuestro Dios padre, supuestamente invocado por la conservadora jerarquía de la Iglesia Católica, sin considerar siquiera que, según lo expresa el mismo líder de la revolución bolivariana, Jesús es su aliado anticapitalista. Es más sencillo para el gobierno culpar de esta situación al fenómeno del El Niño, cuya denominación hace referencia precisamente al mismo niño Jesús, puesto que se manifiesta durante épocas de fiestas navideñas.

Claro, el líder explica además que este fenómeno es consecuencia del calentamiento global del planeta provocado por el capitalismo salvaje que destruye al mundo, como si los países del socialismo real han sido hasta ahora inocentes angelitos de la guarda que no han dañado a nadie, ni a las personas ni al ambiente, ni siquiera con el pétalo de una rosa.

Tenemos últimamente, entre la avalancha diaria de las verborreicas cadenas nacionales de televisión y radio, unos documentales oficiales para hacernos entender a la población - pobres ignorantes que somos nosotros - que el sacrificio del racionamiento de agua que nos obliga a bañarnos con una totuma y bajar el agua del tanque de la poceta del baño una sola vez al día, es por culpa de El Niño, cum hoc ergo propter hoc es culpa del capitalismo mundial.

Igualmente sería este mismo fenómeno del clima, junto con la mentalidad de derroche de los venezolanos en el consumo eléctrico, la causa principal del racionamiento eléctrico. Definitivamente el capitalismo internacional se las trae consigo contra Venezuela, el centro mismo de la revolución del socialismo del siglo XXI que transformará todo el globo terráqueo, el sistema planetario completo y seguramente la galaxia misma.

Nuestro presidente acaba de descubrir que existe este fenómeno climatológico denominado El Niño, aunque seguramente leyó muy rápido la página Web de Wikipedia y no alcanzó a ver que este fenómeno es conocido desde los años 90 y tiene más de once milenios de historia climática.

Este inepto gobernante todavía no sabe, después de 11 años en el poder, con un control casi absoluto del Estado y con los mayores ingresos petroleros de la historia del país, que en sus funciones de gerenciar la nación está la de proyectar el futuro del país, y planificar las obras requeridas y su mantenimiento para el bienestar de la población de acuerdo a los escenarios probables. Posiblemente sus asesores no saben todavía que el fenómeno de El Niño tiene un recurrencia promedio cada 3 ó 4 años.

Realmente el problema más grave no es la falta de agua para lavarse y quitarse el sucio de la cara, sino la dramática gravedad está en la suciedad de un gobierno ladrón y corrupto cuyos altos jerarcas ni siquiera guardan las apariencias para el robo descarado, como el caso de los bancos de los seudo-empresarios socialistas, ni se cuidan de ufanarse y hacer ostentación de su nueva riqueza mal habida. Esto sin hablar del servilismo y obediencia incondicional de los altos funcionarios del gobierno que sin rubor se humillan vergonzosamente ante el autócrata. No hay moral alguna en este gobierno.

Tampoco es problema muy grave la falta de luz eléctrica, sino lo es la falta de la luz del entendimiento de un gobierno ignorante e inepto que en nombre de la justicia social destruye el país, todo lo que toca lo vuelve maloliente miasma y la disfraza con la verborrea que se alimenta de pensamientos del siglo antepasado, que promueve modelos sociales de igualitarismo que ultrajan la condición humana y pretenden organizaciones sociales como la de los insectos.

“Moral y luces son nuestras primeras necesidades”, lo dijo Simón Bolívar.
.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Teoría de la Relatividad Especial

.
Apenas tenía 22 años cuando terminé de estudiar Ingeniería, y digo con orgullos que tardé poco tiempo en alcanzar una meta nada sencilla para muchos. ¿Pero qué es poco tiempo? ¿Lo que para mí es poco tiempo, para otro lo es? Bueno, todo es relativo.

Esto me recuerda la relatividad de Einstein, la teoría de la relatividad especial, referida al movimiento en el marco del espacio tiempo. Tuve la oportunidad de estudiarla en mi juventud, cuando en los cursos de física superior nos asomaron al maravilloso mundo donde el tiempo se dilata, el espacio se contrae, y la energía y materia sólo son diferentes manifestaciones de una misma cosa.

No fue nada sencillo estudiar las ecuaciones de Lorenz, el espacio-tiempo de Minkowski con la matemática de tensores, las propiedades de la luz, etc. El esfuerzo valía la pena para introducirse en el fascinante mundo del saber y comprender una pequeña parte de los intrigantes misterios del Universo donde, por cierto, ni siquiera somos un mínimo destello.

Sin embargo, no son necesaria sofisticadas relaciones matemáticas para comprender el fundamento de la teoría de la relatividad, en realidad las cosas complicadas no son más que la suma de muchas cosas simples. Vamos viendo, el punto de partida es que la velocidad de la luz nunca puede ser sobrepasada, siempre es la misma, independientemente de si el observador está en reposo o en movimiento.

Este principio ha sido demostrado experimentalmente de manera muy sencilla. Imaginemos que estamos en un tren que avanza a 60 km/hr, entonces nos paramos de nuestro asiento y caminamos de un extremo del vagón hacia adelante a 10 km/hr, naturalmente que un observador externo medirá nuestra velocidad como 70 km/hr, o sea, las velocidades se suman. Con este mismo razonamiento si se mide la velocidad de la luz que proviene del sol en la tierra, en distintas direcciones, debería resultar diferente según gire la tierra a favor o contra el sentido de la dirección de la luz. Sin embargo, la velocidad medida ha sido siempre la misma, a pesar de la aplicación de instrumentos de medición cada vez de mayor precisión.

Claro, la luz parece instantánea a nuestros sentidos, pero se ha demostrado que su velocidad de propagación en el vacío es de 300.000 km/seg, daría 7 veces y media la circunferencia del ecuador de la Tierra en 1 segundo. En otros términos, la luz del Sol tarda un poco más de 8 minutos para llegar a la Tierra.

Imaginemos que vamos en una nave intergaláctica a una velocidad de 250.000 km/seg y disparamos hacia adelante un objeto a 150.000 km/seg. La velocidad que observaremos del objeto desde el interior de la nave será efectivamente de 150.000 km/seg, pero un observador externo, en reposo con respecto a la nave, no verá moverse el objeto a 400.000 km/seg, a pesar de lo que nos indica la intuición, como en el caso del tren, ya que hemos visto que el límite máximo de la velocidad de la luz nunca se puede sobrepasar.

He aquí el centro de la cuestión: la velocidad de la luz es la máxima posible. Para comprender una importante consecuencia de este principio imaginemos nuevamente una nave espacial con un reloj de luz constituido por un par de espejos paralelos, uno en el piso y otro en el techo de la nave, con un rayo de luz que demora en ir y volver exactamente 1 segundo.

El astronauta, como observador interno de la nave, verá la trayectoria de la luz que sube y baja perpendicularmente a los espejos, independientemente de la velocidad con que avanza su nave en el sentido de la dirección de los espejos.

Un observador externo, digamos que en reposo con respecto a la nave, vería las cosas de modo diferente, ya que en la medida que la luz avanza también los espejos avanzan con la nave, de modo que la trayectoria observada resulta mayor, debido al movimiento vertical más una componente horizontal, tal como se indica en el gráfico.

Si en ambos casos, para el observador interno y el externo, se tiene que la velocidad de la señal es la de la luz, 300.000 km/seg, pero ahora la trayectoria recorrida es mayor, sólo cabe interpretar que para el observador en reposo el tiempo transcurrido para la señal de luz, ida y vuelta entre los espejos, definitivamente es mayor ¡Vaya sorpresa!

Entonces, dependiendo de la velocidad de la nave, cuando para el observador de la nave transcurre 1 segundo, para el observador en reposo transcurre, por ejemplo, 3 segundos. Mientras mayor es la velocidad de la nave, mayor es la dilatación del tiempo. Es decir, si mi esposa saliese de viaje intergaláctico a una velocidad cercana a la de la luz durante 20 años, para mí transcurrirían 60 años, entonces estaría a su regreso viejo decrépito o quizás muerto… está demás decir que esta idea le fascina y se ha vuelto una fanática de la teoría de la relatividad de Einstein.

Claro, no le he explicado a mi esposa que este planteamiento es correcto desde el punto de vista de mi sistema de referencia. En cambio, para el sistema de referencia de ella, aún cuando es ella la que se subiría a la nave espacial, sería yo quien me alejaría de la nave a la velocidad cercana a la luz, en cambio ella estaría en reposo respecto de su propia referencia. Entonces mientras ella vería que para mí transcurren 20 años, su viaje duraría 60 años. Paradojas de la relatividad… pues, todo es relativo.
.

sábado, 14 de noviembre de 2009

LA VEJEZ

.
.
Esta tarde me he sorprendido pensando en la vejez. Digo sorprendido, porque normalmente le presto muy poca atención a mi persona, ni tengo mucha conciencia de cómo vienen y pasan los años, más bien vivo como si estuviese en un eterno presente donde todo prácticamente se mantiene igual.

Durante la tarde estaba acompañando a Inés, mi esposa, en una tienda por departamentos, en Caracas, que estaba en un plan especial de ofertas. Ella recorría embebida entremedio de la gente, casi todas mujeres, los inmensos montones de ropa apiladas por todas partes y que las personas examinaban con una suerte de desespero.

Entre la multitud había un señor gordito, mas bien bajito, que usaba lentes y estaba peinado con descuido, aparentemente con más edad que yo. Al comienzo no le presté mayor atención, pero de reojo observé que con disimulo él también me miraba.

Naturalmente que algo incómodo me sentí, quizás ese señor me confundía con otra persona, pensé. Seguramente le resulto parecido a alguien que él conoce, me dije para tranquilizarme, pero reconozco que me perturbaba su manera de mirarme.

¿Quién será ese tipo?, me dije molesto y me pregunté: ¿Qué pretenderá ese viejo de mierda? Lo miré de frente de manera desafiante, entonces él me miró fijamente a los ojos sin ningún tipo de disimulo. Seguramente es un viejo maricón que quiere captar mi atención, me imaginé fastidiado y con deseos de darle un puñetazo en su propia cara.

Con descuido aparente me acerqué a ese tipo, más por curiosidad que despejara mi inquietud. Él también caminó entre las mercaderías hacia mí, el muy imbécil vestía incluso de modo similar a mí, aunque con tal desarreglo que parecía un pobre ordinario sin el estilo que yo tengo.

Cuando estuviese lo suficientemente cerca le diría un insulto bastante grosero debido a su manera osada de mirarme. Como dicen los españoles le podría decir: tonto del culo, lo que me imagino significa un extremo de la necedad, ya que se puede ser tonto de la cabeza, pero para ser tonto del culo definitivamente hay que ser muy bruto.

Miré con más cuidado a la otra persona, entonces me reí, pues frente a un inmenso espejo ese viejo de mierda era yo. ¡Vaya, cómo pasan los años!
.

martes, 3 de noviembre de 2009

GASTO SOCIAL DEL GOBIERNO DE CHÁVEZ

.
.
Durante la presentación del Presupuesto de la Nación el ministro del Poder Popular para la Economía y Finanzas, Alí Rodríguez Araque, destacó que el 45,7 % del mismo estaba asignado para gastos sociales, es decir, para los programas de alimentación, salud, educación, etc., porque el ser humano es el centro de atención de las políticas del gobierno de Chávez.

Se supone que los programas sociales de gobierno tienen el propósito de reducir y atenuar la pobreza, y para tal efecto se llevan a cabo diversas Misiones, eso sí, actúan de manera paralela a la tradicional institucionalidad del Estado y sin ninguna transparencia en su gestión, de modo que nadie sabe evaluarlas verdaderamente. El mecanismo es muy sencillo, si se detecta algún problema en el país, bueno, se le mete de por medio una Misión y listo, supuestamente se resuelve el problema casi mágicamente.

Entre las misiones más conocidas están: Misión Mercal, Misión Barrio Adentro, Misión Ribas, Misión Robinson, Misión Sucre. Pero hay muchas más, algunas casi desconocidas, como: Misión Milagro, Misión Negra Hipólita, Misión 13 de Abril, Misión Alimentación, Misión Árbol, Misión Ché Guevara, Misión Ciencia, Misión Cristo, Misión Cultura, Misión Esperanza, Misión Guaicaipuro, Misión Hábitat, Misión Identidad, Misión José Gregorio Hernández, Misión Madres de Barrio, Misión Miranda, Misión Música, Misión Niños y iñas del Barrio, Misión Piar, Misión Sonrisa, Misión Villanueva, Misión Zamora, Misión Vuelvas Caras, etc.

Quizás resulte familiar la Misión “Vuelvan Caras”, porque efectivamente la alimentación la han vuelto cara, la vestimenta la han vuelto cara, la vivienda la han vuelto cara y muchas cosas más que sería largo enumerar.

Sin embargo, el gobierno alardea del enorme gasto social, sin mostrar ni un solo indicador convincente de la efectividad de este gasto, pues con la propaganda pretende pintar un paraíso, pero luego declara la salud en emergencia, las epidemias de dengue, influenza, mal de Chagas, paludismo y otras enfermedades están desatadas como nunca antes; la construcción de vivienda es inferior a cualquier gobierno anterior, la inseguridad le ha quitado todo valor a la vida, 15.000 homicidios en el último año, los servicios públicos están en crisis y hay racionamiento de la electricidad y del agua.

Realmente si aumentar la partida de gastos sociales en el presupuesto nacional significa mayores beneficios para la población, ¿entonces por qué no se sube de una vez a 100%? Esto no es tan sencillo, aumentar el gasto social no significa necesariamente una mayor eficiencia y eficacia del gobierno para el bienestar del pueblo.

De igual modo el gobierno pretende hacer creer que para tener mayor riqueza se pueden imprimir más billetes, como efectivamente lo hace transformando dos veces a bolívares los dólares del ingreso petrolero, primero a través del Banco Central a PDVSA y después con el FONDEN al gobierno, con los supuestos excedentes de las reservas monetarias.

Imaginemos la exportación de un barril petrolero mediante el cual ingresan al país 60 dólares a las arcas de Banco Central como reserva monetaria, el Banco le paga a PDVSA (la empresa petrolera que maneja el gobierno a su antojo) el equivalente en bolívares a la tasa oficial de 2,15 bolívares por dólar, es decir Bs. 129,00 y quedan los dólares de respaldo monetario. Lo gracioso, para no decir que es una terrible desgracia, es que el gobierno establece que de ese ingreso se debe considerar como excedente, por ejemplo, 20 dólares, que lo retiran de las reservas y los venden en el mercado paralelo de divisas a través de algún subterfugio legal, esto es, reciben Bs. 100,00 para los gastos del gobierno. Es decir, ahora los dólares que maneja el gobierno generan el doble de bolívares que aquellos que reciben los particulares por sus exportaciones.

El hecho que se produzcan más billetes, sin que se aumente realmente la producción del país, no significa que el país se vuelva más rico. Sencillamente el gobierno tiene más dinero para cubrir sus gastos y la población quedará con la misma cantidad de dinero que cada vez valdrá menos, socavado por la desvalorización que provoca la inflación. Claro, el gobierno cínicamente le hecha la culpa de la inflación a los especuladores, acaparadores y saboteadores, pretendiendo confundir causa con efecto.

¿Y qué hace el gobierno con ese dinero? Bueno, muy sencillo, tapar las ineficiencias con billetes a manos llenas y disfrazada su gestión de gasto social, inventando empleo improductivo, adelantando proyectos que no son sustentables en el tiempo, importando casi todo con lo cual nos alimentamos.

Mientras tanto se destruye las industrias básicas del país, la siderurgia dice que detiene los hornos durante 5 horas diarias para ahorrar energía ¡Dios mío! ¡Los hornos son para producir, no para pararlos! Se produce aluminio a la mitad de la capacidad de las Plantas en Guayana con un costo que duplica el precio de mercado, pero si produjeran a capacidad completa no habría electricidad para la población que ya la tiene racionada.

Gasto social no es solamente brindar migajas para comprar conciencias, no es dar servicios a cambio de una ideologización, no es atender a unos, porque son afectos al gobierno, y excluir a otros, porque no expresan simpatía por el gobierno. Ni tampoco el gasto social es excusa para dejar de atender la infraestructura de servicios públicos, como luz, agua, carreteras, escuelas, que debe crecer al menos al compás del aumento natural de la población y ser el soporte del desarrollo industrial del país.

El racionamiento de luz y agua es una actitud reactiva del gobierno frente a la crisis por el deterioro de las instalaciones públicas y la falta de planificación del Estado, no obedece a un plan verdadero para crear conciencia sobre el manejo de los recursos naturales, pues en tal caso también debería haber un plan de racionamiento de la gasolina que se quema dispendiosamente en Caracas en un tráfico definitivamente infernal.

¿Por qué no se aprobó en su oportunidad el plan de paradas de vehículos, pico y placa? ¿Por qué no hay una revisión del precio de la gasolina que vale 0,05centavos de dólar el litro, 30 veces más barata que en los países industrializados? ¿Por qué no hay un plan efectivo de incentivo para sustituir gasolina por gas?

Claro que es cierto que el ser humano es el centro de este gobierno, por supuesto, es el centro del desastre del país que no avanza a ninguna parte. Este gobierno no es más que un aprendiz de brujo que ha desencadenado fuerzas destructivas que no sabe como contener… o quizás, es su concepto de socialismo del siglo XXI, todos seremos iguales en la ruina y la desgracia.
.

miércoles, 28 de octubre de 2009

¿CÓMO ES EL VENEZOLANO?

.

.
Una vez me preguntaron cómo es el venezolano típico, cuáles eran las características que identifican la personalidad más común, entonces de inmediato se me vino a la mente la imagen de una persona dicharachera, espontánea, extrovertida, alegre, generosa y tolerante.

Sin embargo, la modernidad ha ido desdibujando esta imagen y va surgiendo una nueva actitud del venezolano que de modo inconfundible se puede observar en el tráfico automotor de la ciudad de Caracas. Allí todo está invadido por una enorme anarquía y un completo irrespeto a cualquier norma o ley de comportamiento cívico.

Es la verdadera ley de la selva, dónde cada cual intenta sacar la mayor ventaja posible en detrimento del otro. Se puede conducir por el hombrillo de las vías, cruzar cuando el semáforo está en rojo, avanzar en una cola sin importar que se obstaculice el tránsito de la calle perpendicular, no respetar para nada a los peatones quienes nunca tienen preferencia para cruzar una calle, etc.

Los semáforos son un adorno en algunas esquinas de la ciudad, aunque también son una guía, pero no en el sentido convencional que tiene en otros países. Una luz roja no significa que haya que detenerse con el vehículo, sino sencillamente que hay que cruzar con mayor precaución, pues puede haber alguien que no conozca las reglas de la ciudad y no tenga la precaución de frenar cuando avance con la luz verde de su lado del semáforo.

De noche definitivamente no se debe tomar en cuenta para nada la luz roja de los semáforos, ya que si se detiene en una esquina lo pueden asaltar los delincuentes que abundan en Caracas, entonces puede perder el automóvil y si se resiste pierde la vida.

Claro, también están los fiscales de tránsito que dan órdenes con fuertes señas de manos y brazos para que avancen más rápido los vehículos o se detengan en los cruces. Su esfuerzo es gigantesco en las colas, ya que con sus enérgicos ademanes intentan hacer avanzar la fila de carros, si no lo consiguen tocan sus silbatos y aletean los brazos con mayor energía como si tuviesen un poder de telequinesia.

Me dan lástima los fiscales, nunca están sincronizados con los semáforos y su lucha es inútil, los conductores hacen lo que se les da la gana. Si a un fiscal se le llega a ocurrir detener a un conductor por no hacerle caso, entonces se forma de inmediato un atascamiento infernal que hace insoportable el entorno de ruidos de motores encendidos, las pitadas de las cornetas, el humo de los tubos de escape y los peatones cruzando por entre los vehículos.

Por supuesto que las vías tienen pintada la divisoria entre canales de circulación, pero no necesariamente coincide con las filas de vehículos, porque además entre los espacios libres circulan las motos que serpentean entre los carros para adelantarlos, ya sea por la derecha o por la izquierda.

Además el paisaje lo colorean los vendedores ambulantes, actividad muy extendida en el país, puesto que abarca a prácticamente la mitad de la población. Entre medio de los vehículos ofrecen sus mercaderías que abarcan prácticamente de todo, refrescos, cerveza, música, chocolates, galletas, juguetes, herramientas, artículos inflables, flores, libros, lápices, periódicos, café, helados, etc.

Finalmente, bordeando las vías van los recogelatas que, como las aves de rapiña, van recolectando lo que otros desechan, para cubrir su cuota de aluminio de reciclaje que venden al mayorista para lograr un ínfimo sustento.

Cada cual dentro de su vehículo va rumiando su rabia e insultado a los demás por la impotencia que los invade, desahoga sus tensiones pitando la corneta de su vehículo, gritando a los demás y acelerando en neutro para descargar enormes humaredas por el tubo de escape.

Por supuesto que todo el mundo llega atrasado a su trabajo, porque el congestionamiento de la ciudad es terrible en las horas de mayor tráfico. Tampoco se salva el transporte público, puesto que además de las demoras de tráfico hay que hacer enormes colas para lograr subirse a un microbus y, por otro lado, es mucho peor el trasporte por el Metro que está completamente colapsado, pues es casi imposible subirse a los vagones repletos de pasajeros y, aún más difícil, bajarse en su estación de destino.

Cuando se llega al sitio del trabajo, completamente descompuesto y desencajado, con supremo esfuerzo se simula una sonrisa y con tono de humildad se le dice al superior: “Jefecito, me atrasé por culpa del tráfico, pero ya tengo casi listo todo lo que me pidió… estamos a la orden”. En todo caso, después habrá cualquier excusa para no terminar el trabajo.

Entonces algunos se preguntan: ¿Por qué el venezolano se ha vuelto violento, irrespetuoso, anarquista, resentido? ¿Para qué sirve su viveza de pájaro bravo? ¿Bajo su apariencia despreocupada, qué hay en su interior que un día puede explotar?

Así también es el gobierno, se conduce con la mayor anarquía e irrespeto por los ciudadanos, convoca a elecciones cuando le conviene, caso contrario las dilata tanto como puede, estable reglas para sacar ventaja en la competencia democrática, impone las mayorías circunstanciales sin respeto por las minorías, no acata los resultados electorales que no lo favorecen, insulta a todo quien piense diferente y no tiene escrúpulos para perseguir a los disidentes.

En el país la delincuencia está completamente desatada, la impunidad invade toda la sociedad, el gobierno es fuente descarada de corrupción que sólo no la ven las autoridades, los órganos institucionales de la justicia están mediatizados y actúan sesgados para favorecer al gobierno, las empresas del Estado están carcomidas por la ineficiencia.

En medio de este desorden el gobierno extiende su poder a todos los espacios del Estado y aprovecha para imponer su control proselitista sobre una población que oscila entre la irreverencia a las autoridades y la adulancia al Jefe. Los mismos que antes eran adecos ahora son chavistas, los que usaban franela blanca ahora usan la roja rojita, pero ¿realmente qué piensan en su interior?

La adulancia es la fuente del paternalismo que logra el dominio en base a dádivas que compran servilismo y sumisión, ésta es la esencia de este gobierno populista. Sin embargo, los recursos del gobierno se agotan y la ineficiencia por la falta de inversiones en la infraestructura de los servicios públicos comienza a florecer por todas partes, y ya no se le puede echar la culpa al gobierno anterior.

Así pues, ha llegado la hora de la irreverencia, madre de la rebeldía, que llama a romper la resignación y la desesperanza. Esta es la naturaleza del venezolano que no permitirá su sometimiento a un régimen autocrático fascistoide disfrazado de socialismo.

.